
¿Qué son las Neurodivergencias?
Si nos sigues en redes sociales ya sabrás (y si no, te lo contamos ahora) que en Psicología Mavi tenemos una nueva colaboración.
Se trata de Miguel Ángel Rivera, psicólogo especializado en Neurodivergencias en adultos y adolescentes a partir de 16 años. Esto es, especialista en Trastorno del Espectro Autista, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, Altas Capacidades Intelectuales.
Miguel Ángel colabora con nosotros en la realización de evaluaciones neuropsicológicas para casos en los que se requiere un diagnóstico especializado. Su enfoque se basa en la evidencia científica y combina la neuropsicología con una comprensión integral de cada paciente.
Pero hoy queremos centrarnos en qué son las Neurodivergencias para entender mejor en qué consisten y lo que tienen en común las personas que las padecen.
Trastorno del Espectro Autista (TEA)
Se trata de una afección relacionada con el desarrollo del cerebro que afecta la manera en la que una persona percibe y socializa con otras personas, lo que causa problemas en la interacción social y la comunicación. También comprende patrones de conducta restringidos y repetitivos.
A día de hoy no se conoce su origen del autismo, pero se sabe que es genético.
Y según explica la Confederación Autismo España, tener autismo implica una forma diferente de procesar la información y de comprender el mundo que nos rodea, lo que se traduce en una serie de capacidades en las personas con esta condición, tales como: meticulosidad y atención por los detalles, sinceridad y honestidad, conocimiento exhaustivo sobre temas muy específicos de su interés o buenas competencias en tareas rutinarias, mecánicas y repetitivas.
Su tratamiento requiere un enfoque multidisciplinar.
Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
Se trata de un trastorno del neurodesarrollo, crónico, de mayor prevalencia en la niñez, y se mantiene en la edad adulta en un 50% de las personas.
Se caracteriza por problemas persistentes de atención, hiperactividad e impulsividad.
Las personas que lo padecen suelen tener problemas para concentrarse en tareas, seguir instrucciones y organizar actividades.
Su hiperactividad se manifiesta con una inquietud constante y una necesidad de moverse en todo momento.
Y la impulsividad con acciones rápidas sin pensar en las consecuencias.
Su tratamiento requiere una combinación de medicación y terapia conductual.
Altas Capacidades Intelectuales (AACC)
Las personas con Altas Capacidades Intelectuales tienen una inteligencia muy superior a la media y una forma de aprender y de sentir diferente. Desde niños, poseen una capacidad de aprendizaje muy superior y una forma de aprender radicalmente distinta que los niños de su edad. También tienen curiosidad para conocer en profundidad todo aquello que les motiva.
En algunos casos también pueden presentar dificultades de atención o hiperactividad, TEA, dislexia, etc.
Y aunque hay muchos destacan en el ámbito escolar, ésta no siempre es la mejor manera de identificarlos. De hecho, uno de los perfiles más habituales entre estos alumnos es el del niño distraído en sus pensamientos, que tiende a cuestionar la autoridad cuando las órdenes no son razonadas.
Y a pesar de que tienen una capacidad de aprendizaje superior al del resto de niños, en muchas ocasiones necesitan ayuda para aprender, ya que el sistema educativo actual no se ajusta a sus necesidades. De hecho, la legislación española los considera alumnos con Necesidad Específica de Apoyo Educativo.
Aspectos en común
Las personas que tienen TEA, TDAH y AACC tienen varias cosas en común:
Curiosidad intensa
Sensibilidad emocional
Creatividad
Formas de aprendizaje únicas
Intereses pasionales
Diferencias sensoriales
Pensamiento creativo o divergente
Dificultad en funciones ejecutivas
Para tratar estas tres excepcionalidades contamos con Miguel Ángel, al que desde aquí volvemos a dar la bienvenida.
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Ni héroes ni villanos
Cuando alguien acude a terapia tras un intento de suicidio, los psicólogos no podemos considerarnos héroes, si conseguimos evitarlo, ni tampoco villanos, si no lo conseguimos. Trataremos de aplazar, escuchar, permitir que se desahoguen con nosotros y recabaremos toda la información que podamos ante ese hecho.
Pondremos a disposición de nuestros pacientes todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para evitarlo. Pero no seremos responsables de lo que esa persona, finalmente, decida hacer, ni para bien, ni para mal.
Ya hemos contado en varias ocasiones que tenemos una amplia formación en prevención de suicidio. Y no dejamos de profundizar nuestros conocimientos para ponernos al servicio de nuestros pacientes.
Y una vez lo hacemos, uno de nuestros lemas ante quienes pasan por consulta es “no queremos honores, ni tampoco responsabilidades». La terapia es un acto voluntario, nadie está obligado a venir. Y los psicólogos nunca podemos, ni debemos, insistir a nadie para que alguien venga.
Quien decide venir, por su bien, debería comprometerse a seguir las pautas que le proporcionamos o a usar las herramientas que le facilitamos para mejorar su salud metal. Sin embargo, el hecho de que lo haga, o no lo haga, no es nuestra responsabilidad.
La única persona responsable de que funcione la terapia es la que acude a consulta. Es ella quien tiene en sus manos la capacidad de cambiar su vida en base al conocimiento que ponemos a su servicio.
Para entenderlo mejor me gusta poner un ejemplo sencillo. Cuando una persona acude a un nutricionista para perder peso, el nutricionista da unas pautas para lograrlo. Pero es responsabilidad de la persona seguirlas, y conseguir su objetivo, o hacer todo lo contrario y no conseguirlo. El nutricionista puede ser el mejor, pero si la persona que quiere perder peso no aplica sus consejos, por muy bueno que sea el nutricionista, el paciente no logrará su propósito.
En terapia ocurre lo mismo. Es por eso que nunca aceptamos honores y tampoco responsabilidades ante el resultado final. El responsable de ese resultado siempre será el paciente que, en base a las herramientas que le proporcionamos podrá decidir si ponerlas en práctica, o no hacerlo.
Los psicólogos, de lo único que somos responsables es de poner a su servicio todo nuestro conocimiento.
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¿Cómo mantener a raya la ansiedad?
La ansiedad no es en sí misma una enfermedad, podríamos decir que es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Un sentimiento de miedo, temor o inquietud que puede generar tensión en el cuerpo e incluso palpitaciones.
En otras palabras, es una emoción desagradable que forma parte de la vida, por lo que hay que aprender a vivir con ella. Algunas veces estará más presente y otras será más suave, pero va a estar siempre.
Y por ello debemos saber cómo hacerla frente cada vez que tengamos ese sentimiento.
Para ello, vamos a hablar de una técnica sencilla que te ayudará a “volver a tierra” y que puedes practicar fácilmente en cualquier lugar.
Se trata de la Técnica Mindfulness 5-4-3-2-1. Su objetivo es acabar con pensamientos negativos y catastrofistas ayudando a nuestra mente a volver al tiempo presente y reconectar, poniendo en marcha los cinco sentidos.
Para ello tienes que identificar:
- 5 cosas que veas a tu alrededor: el objetivo es que te concentres en los detalles visuales de cada objeto, su forma, su color y textura. Esta actividad te ayudará a estar presente.
- 4 objetos que puedas tocar: por ejemplo, la ropa que llevas puesta, el lugar donde estás sentado… en este caso, tu mente se enfocará en las sensaciones físicas, notando la suavidad, rugosidad o temperatura de los objetos que tocas.
- 3 elementos que puedas oír a tu alrededor, si tienen un volumen alto, bajo, la dirección de la que proceden. Este paso te ayuda a alejarte de tus pensamientos y centrarte en el mundo a tu alrededor.
- 2 aromas que puedas oler: la capacidad de identificar dos olores puede tranquilizarte y hacerte sentir más conectado con el espacio en el que te encuentras.
- 1 cosa que puedas saborear: te obligará a estar completamente en el momento.
Esta técnica está diseñada para reducir la adrenalina y calmar el sistema nervioso devolviéndote al aquí y ahora. Al desviar la atención de los pensamientos negativos y concentrarse en los sentidos, tu cerebro comienza a calmarse.
Y si la ansiedad te impide dormir, esta técnica también puede ser de gran ayuda. Al practicarla antes de dormir, puedes liberar tu mente de preocupaciones y preparar tu cuerpo para descansar de manera más profunda.
Y no te olvides de que si tu ansiedad va a más, lo fundamental es consultar a un especialista de salud mental.
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La línea de vida
¿Has oído hablar de la línea de vida?
Es una técnica que utilizamos en psicología para ayudar a nuestros pacientes a conocerse mejor.
Se trata de una recapitulación de acontecimientos, vivencias experiencias que te ayudarán a entender tu propia historia.
Es importante destacar que la línea de vida no sirve para juzgar o arrepentirnos de nuestras decisiones. Sirve para comprender por qué tomamos un camino concreto en un momento dado y qué rumbo queremos seguir de ahora en adelante.
¿Cómo realizarla?
La línea de vida (dibujarla te ayudará a visualizar mejor) es una representación de tu historia, desde que naciste hasta la actualidad. En ella has de situar, cronológicamente, momentos importantes por los que has pasado, cambios relevantes, experiencias, historias que te hayan marcado. E incluso puedes incluir proyecciones de futuro.
Coge papel y boli y dibuja una línea recta. El inicio de esa línea será el momento de tu nacimiento.
Marca también el momento actual.
A partir de ahí echa la vista atrás y ordena, cronológicamente, momentos importantes en tu vida (nacimientos, bodas, fallecimientos…).
Marca también momentos que han significado un cambio en tu vida (final de tus estudios, inicio de tu vida profesional, un viaje…).
Has de señalar también momentos que han significado un punto de inflexión en tu vida, tanto para bien como para mal.
Y a partir del punto que has marcado como el actual, intenta hacer una proyección de futuro, de cómo crees que será tu vida a partir de ahora.
Análisis
Una vez hayas descrito todo lo anterior deberás tomarte tu tiempo para analizar y reflexionar esos momentos que has marcado como importantes, lo que significaron para ti y cómo los afrontaste.
También servirán para analizar y gestionar las diferentes emociones asociadas a cada momento, y también las que no hemos gestionado de manera consciente.
Con esta técnica, podremos entender varias cosas:
La visión que tenemos de la vida.
Nuestras prioridades.
Qué recuerdos conservamos de la infancia y cómo han podido influir en el presente.
Cuántos cambios hemos realizado a lo largo del tiempo y cuáles han sido sus características.
Cómo vivimos en la actualidad y cómo nos planteamos el futuro.
Y tal y como hemos destacado anteriormente, esta técnica no sirve para juzgar lo que hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Sirve para conocer o comprender las razones por las que hemos ido en una dirección y qué rumbo queremos seguir de ahora en adelante.
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Los beneficios psicológicos de viajar solo
Es algo que todo el mundo debería experimentar alguna vez en la vida.
Hablamos de viajar solo.
Antes de continuar, queremos romper el mito de que se viaja solo por no tener amigos o no tener con quien ir. Esto es falso, ya que mucha gente decide viajar sola como una experiencia más.
Y cada vez son más las personas que se animan a ello. La mayoría coinciden en lo mismo: es una experiencia maravillosa. Hay quienes incluso lo califican de experiencia transformadora.
Llevada al campo de la psicología, los psicólogos hemos comprobado que viajar sin compañía tiene múltiples beneficios para la salud mental.
Las primeras veces que se opta por este tipo de turismo pueden surgir ciertos miedos e inseguridades, pero una vez te lanzas, consigues aumentar la confianza y la seguridad en ti mismo.
Emprender este tipo de viaje también te permite ser más consciente de tus propias fortalezas, a la vez que supone una oportunidad para crecer como persona y sentirse realizado.
Otro punto positivo es que, al no tener compañía, no surgen conflictos, ya que no hay que estar pendiente de las preferencias y opiniones de nadie. El ritmo, los horarios y los lugares que visitar los escoges tú.
También es una magnífica ocasión para conocer e interactuar con otras personas. Y al mismo tiempo desconectar de forma inmediata de la rutina. Al no estar pendiente de los otros, del trabajo ni de los quehaceres diarios, la ruptura con tu día a día es total.
Viajar solo te ayuda a abrir la mente, aumenta tu capacidad de aprendizaje y te ayuda a ver el mundo con otra perspectiva.
Te invita a la reflexión, a encontrarte contigo mismo. Te muestra dónde están tus límites y cómo superarlos. Te proporciona mayor control sobre tu vida.
Además, te permite ser más autosuficiente, comprobar que eres capaz de sobrevivir sin la ayuda emocional y física de los demás.
Y a través de esta experiencia es muy probable que te vuelvan más independiente y esto es siempre positivo.
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Las pérdidas que conlleva ir a terapia
Queramos o no, una de las consecuencias de acudir a terapia, en muchas ocasiones, es la pérdida de esas personas que estaban a nuestro alrededor. Personas con quien, a priori, pensábamos que se iba a fortalecer la relación.
Quienes acuden a terapia, en la mayoría de los casos, tienen problemas de baja autoestima y tras pasar por consulta aprenden a priorizarse y ganan confianza en sí mismos. También consiguen poner límites donde antes no los ponían, pierden el miedo a decir lo que les desagrada, a dar su opinión, a no dar la razón a alguien porque sí.
Ante esto, hay otras personas que no entiende ese cambio en la forma de actuar por parte de quien asiste a terapia. Suelen ser personas que están acostumbradas a que se les diga que sí a todo o para las que hay que estar siempre.
Personas que se beneficiaban de quienes no saben poner límites, o que están acostumbradas a que les den la razón en todo.
Esas personas no aceptan que seamos nosotros mismos y expresemos lo que realmente pensamos o sentimos.
Por eso, puede ser frecuente escuchar frases del tipo:
“Antes estabas para todo y desde que vas a terapia ya no puedo contar contigo”. Se queja la persona que se beneficiaba de mi falta de límites.
“Antes te parecía todo bien”. Se molesta la persona a quien le digo que algo no me gusta.
“Desde que vas a terapia ya no aguantas nada”. Comenta la persona a quien le he puesto límites.
“Desde que vas a terapia discutes por todo”. Afirma la persona a la que ya no le doy la razón.
Y en todos estos casos, el problema no es de quien asiste a terapia, sino de quien no acepta que yo pueda ser libre de expresar, en todo momento, lo que pienso, siento o quiero.
Y si esa persona que, en principio pensaba que era mi amiga, no acepta que le diga lo que pienso o siento, realmente no será la más adecuada para estar a mi lado.
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¿Nada te hace feliz? Sabemos lo que te pasa y tiene solución
¿Sientes que nada te hace feliz o que no disfrutas con nada?
Si es así quizás te interese saber que eso tiene nombre: anhedonia.
La RAE lo define como: Incapacidad para sentir placer.
Yo añadiría también que es la dificultad que tiene una persona para sentirse bien con las cosas que le gustan o le emocionan.
No está considerado en sí mismo como un trastorno, sino que es un síntoma que se presenta en algunos trastornos emocionales y psiquiátricos, como puede ser: la depresión, la demencia, la anorexia, la esquizofrenia o las adicciones.
También puede deberse a un efecto secundario de algunos medicamentos.
Las personas con anhedonia pierden el interés por las actividades que solían hacerles felices, se aíslan socialmente.
Causas
Desde el punto de vista fisiológico, una de las principales causas de la aparición de la anhedonia se debe a una alteración cerebral que impide la producción y liberación de dopamina.
La dopamina es una sustancia química que se encuentra en el cerebro y que tiene como acción principal generar sensaciones de placer.
En situaciones depresivas o de un gran estrés o ansiedad, el cerebro se bloquea y es incapaz de generar esta sustancia.
Así, no podríamos decir que existe una sola causa, sino que existen multitud de factores que lo puedan desembocar. Aunque bien es cierto que la depresión, la esquizofrenia y las drogas son las principales causantes de la anhedonia, sobre todo cuando esta es generalizada y afecta a todas las actividades de nuestra vida.
Síntomas
Para identificar esta afección es necesario conocer sus síntomas. Algunos de ellos son:
- Desmotivación o pérdida de interés por las actividades del día a día, así como por cosas que antes sí interesaban o emocionaban a la persona.
- Cansancio y falta de energía.
- Baja autoestima por no ser capaz de actuar como antes lo hacía.
- Dificultad para pensar, concentrarse y decidir.
- Aislamiento social.
- Cambios en la conducta alimentaria.
- Pérdida de la libido o la falta de interés en la intimidad física.
- Alteraciones del sueño.
Tratamiento
Para aquellos que crean que pueden sufrir anhedonia lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional de la psicología que realice una evaluación psicodiagnóstica y así poder conocer las causas de su origen.
Ese origen puede deberse a un tipo de trastorno de base o a causas exógenas, como puede ser un problema laboral, familiar, sentimental, etc., y en función del mismo, el profesional tratamiento abordará el tratamiento más adecuado.
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¿Qué son las ganancias secundarias en psicología?
¿Has oído hablar de ganancias secundarias en psicología?
Es uno de los motivos por el que muchos procesos terapéuticos no avanzan o incluso provocan que los pacientes abandonen la terapia.
Las ganancias secundarias son actitudes de las personas que resultan dañinas, desagradables o perjudiciales para ellas mismas. Sin embargo, se aferran a ellas porque les generan un “beneficio”.
Dicho beneficio puede ser de protección, atención, apoyo, comodidad… y debido a lo que eso genera, la persona que lo “sufre” no quiere dejar atrás el problema y evita así mejorar.
Los psicólogos lo vemos en consulta de forma habitual y en ocasiones, cuando lo hablamos con nuestros pacientes, resulta un tema delicado. Y es que, cuando preguntamos qué cosas positivas les aporta el trastorno que les ha traído a terapia, la respuesta habitual es que no hay nada positivo en ello.
De hecho, no son conscientes, en la mayoría de los casos, de que se están aferrando a un problema por lo “positivo” que sacan de él.
Sin embargo, ahondando en el tema, vemos que detrás de muchos de esos problemas psicológicos, están esas ganancias secundarias. Éstas generan una resistencia al cambio y hacen que el problema no se solucione y se prolongue en el tiempo.
Ventajas de las ganancias secundarias
Algunas de las ventajas que extraen los pacientes de las ganancias secundarias pueden ser:
Atención, protección o cuidados de personas importantes para el paciente, al que le puede ocasionar miedo que, una vez superado su problema psicológico, dejen de prestarle la atención que necesita.
Evitar responsabilidades. Ocurre cuando el problema que tiene un paciente le permite eludir una responsabilidad.
Alimentar el rol victimista. Se da en personas que no son capaces de expresar directamente sus necesidades o de pedir algo que desean. A través de sus problemas psicológicos obtienen atención, compasión o la ayuda que necesitan y no se atreven a requerir.
Evitar la culpabilidad o las críticas por pedir favores a los demás, respaldándose en el malestar que están experimentando.
Dejar de tener la necesidad de atender a los demás. Ocurre en personas que desempeñan el papel de “cuidador”, que siempre están pendiente de los demás. En este caso, al tener un problema psicológico se dan el permiso de mirar por ellos mismos.
Autocastigarse: se da en pacientes que han alimentado la culpabilidad y tienen el sentimiento de no merecer que les pase cosas buenas como estar bien, ser feliz, tener salud…
Castigar a otra persona: ocurre en relaciones complicadas donde una persona puede llegar a sentir que “el hecho de que ahora tengas que cuidarme es algo que me debes”.
Con todos estos ejemplos podemos ver que las ganancias secundarias complican la solución de los problemas psicológicos. Por ello, se hace necesario, en la mayoría de los casos, la ayuda de un profesional que ayude al enfermo a detectar lo que inconscientemente le impide evolucionar y solucionar dichos problemas.
Si crees que podrías encontrarte en una situación así o sabes de alguien que pueda estar atravesando por ello, no dudes en solicitarnos ayuda. Estaremos encantados de poder ayudarte.
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El verano pone a prueba nuestra salud mental
Estamos deseando que llegue, pensamos en él durante todo el año, pero, ¿sabes que el verano, y concretamente el calor, pone a prueba nuestra salud mental?
Las olas de calor con temperaturas elevadas, sobre todo si se mantienen durante períodos prolongados, influyen negativamente en el bienestar psicofísico de la mayoría de la población.
Cuando soportamos varios días consecutivos con calor excesivo no conseguimos descansar adecuadamente dado que se altera la cantidad y la calidad del sueño. Y el no tener un buen descanso puede hacer que estemos más irritables. También que tengamos dificultades para tener un rendimiento cognitivo óptimo debido a la sensación de aturdimiento y falta de claridad mental. Esto hace que se altere nuestra conducta, aumentando la inquietud y, en casos extremos, la tendencia a la agresividad en diversos grados.
En concreto, en personas con trastornos psicoemocionales esta sensibilidad al exceso de temperatura suele ser más acusada.
De hecho, cada vez hay una mayor preocupación de los investigadores por los efectos del cambio climático sobre el equilibrio psíquico de las personas.
Existen estudios que confirman que el aumento de las temperaturas está relacionado con el aumento de consultas. Esto es debido a alteraciones de la salud mental, e incluso ponderan el aumento en grados de la temperatura con el incremento, por ejemplo, del número de suicidios.
Recomendaciones
No podemos luchar contra la meteorología para hacer que bajen las temperaturas. Pero lo que sí podemos hacer es tener en cuenta algunas recomendaciones. Entre ellas, mantenerse hidratado a base de agua y evitar bebidas azucaradas o alcohólicas porque no contribuyen a una buena hidratación.
También ayuda evitar la exposición solar durante las horas centrales del día que es cuando el calor más aprieta, y tratar de vestir con ropa fresca y transpirable.
Aun así, ante cualquier síntoma de cansancio extremo, fatiga, u otras sensaciones fuera de las comunes, es recomendable consultar con algún especialista.
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Motivación y disciplina ¿Iguales, distintas o complementarias?
Antes de responder a esta pregunta vamos a ver cómo las define la Real Academia de la Lengua (RAE)
Motivación: conjunto de factores internos o externos que determinan en parte las acciones de una persona.
Disciplina: doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral.
Aparentemente no tienen nada en común, sin embargo, hemos de decir que ambas son complementarias para que las personas alcancen un objetivo.
Vamos por partes.
La motivación se refiere a un aspecto más emocional, es la que nos hace dar el primer paso, nos empuja a sostener una acción, es la que nos mueve a realizar determinadas acciones y persistir en ellas para su culminación.
La neurociencia explica que esta emoción positiva se traduce en la liberación de dopamina en el cerebro, lo que nos hace sentir bien y nos impulsa a tomar acción. Pero esto es algo temporal y variable.
Podemos decir que la motivación es el punto de partida, pero no debemos depender exclusivamente de ella para mantenernos en el camino hacia nuestros objetivos.
Y ahí es donde entra la disciplina, que atiende más a lo racional, es la que nos hace seguir adelante. Nos ayuda a ser constantes en nuestras acciones, a superar la resistencia interna y a mantener el enfoque a pesar de las distracciones o los obstáculos que puedan surgir.
Podríamos decir que la disciplina es el combustible que mantiene en marcha el motor de la motivación.
Si volvemos a la neurociencia, cabría decir que la formación de hábitos y la repetición constante de acciones crean conexiones neuronales más fuertes en nuestro cerebro. Esto nos permite mantenernos enfocados y avanzar a pesar de los desafíos y las fluctuaciones en nuestra motivación.
En definitiva, la motivación es lo que te empuja a empezar y la disciplina lo que te hace llegar hasta el final.
¿Habías reflexionado antes sobre estos conceptos y cómo se complementan?
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