
¿Y si me equivoco? Cómo superar el miedo a tomar decisiones
Tomar decisiones es, en esencia, elegir un camino y renunciar a otros. Y es precisamente esa renuncia la que, en muchas ocasiones, nos bloquea. Nos quedamos detenidos en la intersección, esperando una señal externa o una certeza absoluta que, lamentablemente, rara vez llega.
El miedo a tomar decisiones es más común de lo que parece. Muchas personas posponen elecciones importantes —e incluso decisiones cotidianas— por miedo al “¿y si me equivoco?” o al “¿qué pasará después?”.
Si te reconoces en esta situación, no estás solo. La dificultad para decidir suele estar relacionada con la ansiedad, la inseguridad o el miedo al error.
¿Por qué nos da miedo tomar decisiones?
En realidad, el miedo no suele estar en la decisión en sí, sino en las consecuencias que imaginamos. Nuestro cerebro intenta anticipar todos los escenarios posibles para evitar equivocarse, pero este exceso de análisis puede terminar generando bloqueo.
Entre las causas más frecuentes del miedo a decidir se encuentran:
1. Miedo a equivocarse: Muchas personas han aprendido que cometer errores tiene consecuencias negativas o que equivocarse es una señal de fracaso. Esto genera la sensación de que cada decisión debe ser perfecta, lo que aumenta la presión y dificulta elegir.
2. Perfeccionismo: El perfeccionismo puede provocar la necesidad constante de encontrar la mejor opción posible. Cuando ninguna alternativa parece lo suficientemente buena, aparece la parálisis.
3. Baja confianza en uno mismo: Si una persona duda de su propio criterio, es más probable que tema tomar decisiones. La inseguridad puede llevar a pensar que cualquier elección será incorrecta o que otros sabrían decidir mejor.
4. Exceso de opciones: Vivimos en una época con múltiples alternativas para casi todo: trabajo, ocio, consumo o relaciones. Este fenómeno, conocido como “parálisis por análisis”, puede hacer que elegir resulte más difícil y genere ansiedad.
No elegir también es una elección
A veces, para reducir la ansiedad, intentamos evitar el momento de la verdad. Sin embargo, esta estrategia de evitación tiene el efecto contrario: aumenta el malestar a largo plazo.
Cuando posponemos una elección de forma constante:
- Aumentan las dudas y la rumiación mental.
- Crece la sensación de falta de control sobre tu propia vida.
- Se refuerza la creencia de que no somos capaces de decidir por nosotros mismos.
A la larga, esta dinámica genera una fuerte dependencia de la opinión ajena y una inseguridad crónica.
Estrategias psicológicas para superar el bloqueo al decidir
Aceptar que tomar decisiones implica incertidumbre es el primer paso para reducir la ansiedad. Aquí tienes algunas pautas prácticas:
1. Olvida la «decisión perfecta». No existe un camino sin riesgos. Aspira a tomar decisiones suficientemente buenas en lugar de perfectas. El perfeccionismo es el enemigo de la acción.
2. Pon fecha de caducidad a tu análisis. Limita el tiempo que dedicas a dar vueltas a las opciones. Establece un plazo (por ejemplo, 24 horas para decisiones medianas) para evitar la rumiación constante.
3. Reinterpreta el error como aprendizaje. En lugar de ver el error como un fracaso personal, míralo como información de retorno. Si algo no sale bien, ahora tienes más datos para tu próxima elección.
4. Entrena el «músculo» de la decisión. Empieza por decisiones pequeñas y cotidianas (qué comer, qué ropa ponerte) sin pedir opinión a nadie. Esto fortalecerá progresivamente tu confianza en tu propio criterio.
Recuerda que no decidir también es una decisión, pero es una que te deja a merced de las circunstancias o de los demás. Tomar las riendas, con miedos y todo, es el acto de autocuidado más valiente que puedes realizar.
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Síndrome post-examen: qué es y cómo afrontarlo
Hace unos días los estudiantes de Bachillerato se sometieron a la Prueba de Acceso a la Universidad (antigua selectividad). Esto les ha tenido durante todo un curso bajo la presión de alcanzar la nota que marcará el futuro de sus estudios.
Y aunque no ocurre en todos los casos, es posible que tras realizar el examen, tanto ellos, como otros estudiantes sometidos a ese estrés, sientan una sensación de vacío, tristeza y falta de motivación. Es lo que se conoce como el síndrome post-examen.
¿En qué consiste el síndrome post-examen?
Tras estar durante un tiempo sometido a la presión de uno o varios exámenes importantes, el cuerpo responde al estrés de estas pruebas con una liberación de hormonas, como la adrenalina.
Una vez que se elimina esa presión del examen, el cuerpo puede experimentar fatiga y un cambio en la rutina. Esto puede generar sensación de:
- Vacío emocional: es ese sentimiento de falta de propósito o motivación.
- Tristeza o apatía: es cuando uno se siente desanimado o sin ganas de hacer cosas.
- Falta de energía: sentir cansancio y no tener ganas de realizar actividades.
¿Cómo afrontarlo?
1 En primer lugar, es importante aceptar que es normal sentirse así después de un periodo de exámenes.
2 En segundo lugar, los estudiantes deben volver a esas actividades con las que disfrutaban antes de los exámenes.
3 También se debe de dar un descanso al cuerpo y la mente para que se recuperen del estrés al que se han sometido.
4 Por otro lado, igual de importante es buscar nuevas actividades o intereses para reorientar la energía y la motivación.
Y en caso de que los síntomas persistan o empeoren, sería necesario buscar ayuda profesional de un psicólogo.
El síndrome post-examen es una experiencia común que requiere de un manejo adecuado para evitar que se convierta en un problema más grave. Identificar los síntomas, reconocer los sentimientos, buscar apoyo y reincorporarse gradualmente a actividades que brinden placer y motivación son clave para superar esta etapa.
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El cortisol y su papel en el bienestar psicológico
Es conocida como la hormona del estrés y juega un papel importante en el bienestar psicológico de las personas.
Hablamos del cortisol y nuestro cuerpo la produce todos los días, especialmente por la mañana, cuando su nivel es más alto. A medida que pasan las horas va disminuyendo.
Nos permite reaccionar ante distintas situaciones que puedan suponer una amenaza. Sin embargo, su exceso o desequilibrio en el organismo puede tener efectos negativos. En este caso, provoca problemas de ansiedad, depresión, dificultad para concentrarse o alteraciones en el sueño.
Efectos de unos niveles óptimos de cortisol
En condiciones normales, y con unos niveles adecuados, el cortisol tiene distintas funciones:
- Ayuda al cuerpo a responder a situaciones de estrés físico o emocional.
- Regula el metabolismo, ayudando a utilizar la glucosa y las grasas para obtener energía.
- Reduce la inflamación en el cuerpo.
- Regula la presión arterial
- Influye en la respuesta del sistema inmunológico.
- Ayuda a regular el ritmo circadiano, incluyendo el ciclo sueño.
- Participa en la consolidación de recuerdos.
¿Qué eleva eleva el cortisol?
Un exceso de cortisol puede tener efectos muy negativos, como los que hemos indicado al inicio del texto y que veremos a continuación.
Pero antes, queremos enumerar algunas causas que hacen que el cortisol en nuestro cuerpo se incremente y que nuestro mundo sea más hostil:
- Tener incertidumbre constante
- Vivir con miedo
- Estar bajo presión provocada por algo o alguien
- Vivir bajo control
Efectos del exceso de cortisol en la salud mental
El exceso de cortisol, provocado por las causas enumeradas anteriormente, o por otras, genera estrés crónico, y cuando el estrés es crónico y el cortisol permanece elevado durante largos periodos, puede causar:
1. Ansiedad: el exceso de cortisol puede hiperactivar el sistema nervioso simpático, lo que genera una sensación constante de alerta o amenaza.
2. Depresión: niveles elevados de cortisol están relacionados con cambios en áreas del cerebro como el hipocampo, que se asocian con síntomas depresivos.
3. Deterioro cognitivo: el cortisol en exceso puede afectar la memoria y la capacidad de concentración, ya que daña células en el hipocampo, una región clave para el aprendizaje.
4. Trastornos del sueño: el cortisol alto, especialmente por la noche, interfiere con el ritmo circadiano, dificultando el sueño reparador.
5. Fatiga emocional: la exposición prolongada al estrés lleva a una sensación de agotamiento mental y emocional.
¿Cómo mantener el cortisol bajo control?
Para tener unos niveles de cortisol adecuados es recomendable:
- Realizar ejercicio moderado (no excesivo, porque eso puede aumentarlo).
- Dormir bien, al menos 7 horas.
- Llevar una buena alimentación (evitar azúcar en exceso y cafeína en exceso).
- Y tener apoyo social y emocional.
Para resumir, el cortisol es esencial, pero su desequilibrio, especialmente por estrés crónico, puede dañar el bienestar psicológico. Regular los niveles de cortisol es clave para mantener una buena salud mental y emocional.
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¿Cómo mantener a raya la ansiedad?
La ansiedad no es en sí misma una enfermedad, podríamos decir que es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Un sentimiento de miedo, temor o inquietud que puede generar tensión en el cuerpo e incluso palpitaciones.
En otras palabras, es una emoción desagradable que forma parte de la vida, por lo que hay que aprender a vivir con ella. Algunas veces estará más presente y otras será más suave, pero va a estar siempre.
Y por ello debemos saber cómo hacerla frente cada vez que tengamos ese sentimiento.
Para ello, vamos a hablar de una técnica sencilla que te ayudará a “volver a tierra” y que puedes practicar fácilmente en cualquier lugar.
Se trata de la Técnica Mindfulness 5-4-3-2-1. Su objetivo es acabar con pensamientos negativos y catastrofistas ayudando a nuestra mente a volver al tiempo presente y reconectar, poniendo en marcha los cinco sentidos.
Para ello tienes que identificar:
- 5 cosas que veas a tu alrededor: el objetivo es que te concentres en los detalles visuales de cada objeto, su forma, su color y textura. Esta actividad te ayudará a estar presente.
- 4 objetos que puedas tocar: por ejemplo, la ropa que llevas puesta, el lugar donde estás sentado… en este caso, tu mente se enfocará en las sensaciones físicas, notando la suavidad, rugosidad o temperatura de los objetos que tocas.
- 3 elementos que puedas oír a tu alrededor, si tienen un volumen alto, bajo, la dirección de la que proceden. Este paso te ayuda a alejarte de tus pensamientos y centrarte en el mundo a tu alrededor.
- 2 aromas que puedas oler: la capacidad de identificar dos olores puede tranquilizarte y hacerte sentir más conectado con el espacio en el que te encuentras.
- 1 cosa que puedas saborear: te obligará a estar completamente en el momento.
Esta técnica está diseñada para reducir la adrenalina y calmar el sistema nervioso devolviéndote al aquí y ahora. Al desviar la atención de los pensamientos negativos y concentrarse en los sentidos, tu cerebro comienza a calmarse.
Y si la ansiedad te impide dormir, esta técnica también puede ser de gran ayuda. Al practicarla antes de dormir, puedes liberar tu mente de preocupaciones y preparar tu cuerpo para descansar de manera más profunda.
Y no te olvides de que si tu ansiedad va a más, lo fundamental es consultar a un especialista de salud mental.
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¿Nada te hace feliz? Sabemos lo que te pasa y tiene solución
¿Sientes que nada te hace feliz o que no disfrutas con nada?
Si es así quizás te interese saber que eso tiene nombre: anhedonia.
La RAE lo define como: Incapacidad para sentir placer.
Yo añadiría también que es la dificultad que tiene una persona para sentirse bien con las cosas que le gustan o le emocionan.
No está considerado en sí mismo como un trastorno, sino que es un síntoma que se presenta en algunos trastornos emocionales y psiquiátricos, como puede ser: la depresión, la demencia, la anorexia, la esquizofrenia o las adicciones.
También puede deberse a un efecto secundario de algunos medicamentos.
Las personas con anhedonia pierden el interés por las actividades que solían hacerles felices, se aíslan socialmente.
Causas
Desde el punto de vista fisiológico, una de las principales causas de la aparición de la anhedonia se debe a una alteración cerebral que impide la producción y liberación de dopamina.
La dopamina es una sustancia química que se encuentra en el cerebro y que tiene como acción principal generar sensaciones de placer.
En situaciones depresivas o de un gran estrés o ansiedad, el cerebro se bloquea y es incapaz de generar esta sustancia.
Así, no podríamos decir que existe una sola causa, sino que existen multitud de factores que lo puedan desembocar. Aunque bien es cierto que la depresión, la esquizofrenia y las drogas son las principales causantes de la anhedonia, sobre todo cuando esta es generalizada y afecta a todas las actividades de nuestra vida.
Síntomas
Para identificar esta afección es necesario conocer sus síntomas. Algunos de ellos son:
- Desmotivación o pérdida de interés por las actividades del día a día, así como por cosas que antes sí interesaban o emocionaban a la persona.
- Cansancio y falta de energía.
- Baja autoestima por no ser capaz de actuar como antes lo hacía.
- Dificultad para pensar, concentrarse y decidir.
- Aislamiento social.
- Cambios en la conducta alimentaria.
- Pérdida de la libido o la falta de interés en la intimidad física.
- Alteraciones del sueño.
Tratamiento
Para aquellos que crean que pueden sufrir anhedonia lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional de la psicología que realice una evaluación psicodiagnóstica y así poder conocer las causas de su origen.
Ese origen puede deberse a un tipo de trastorno de base o a causas exógenas, como puede ser un problema laboral, familiar, sentimental, etc., y en función del mismo, el profesional tratamiento abordará el tratamiento más adecuado.
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Adicciones y salud mental
Ansiedad, depresión e incluso esquizofrenia. Éstos son algunos de los trastornos que sufren las personas adictas a sustancias como el alcohol, las drogas, o a comportamientos como el juego.
La adicción es una enfermedad crónica y compleja que afecta al funcionamiento de nuestro cerebro y al comportamiento de una persona. Se caracteriza por la búsqueda compulsiva y el consumo de una sustancia o la realización de una actividad, a pesar de las consecuencias negativas que pueda acarrear.
Además, la persona que sufre o padece este tipo de adicciones no es el único perjudicado. Sus conductas suelen afectar también, y mucho, a su entorno familiar y social. Y son éstos, su entorno, quienes en muchas ocasiones tienen que animar a la persona que lo padece a acudir a consulta con un psicólogo para su tratamiento.
¿Cómo afectan psicológicamente las adicciones?
Las adicciones a sustancias como el alcohol y las drogas alteran la química cerebral y afectan negativamente el equilibrio emocional. En este caso, puede desencadenar en depresión o en ansiedad. Y para su recuperación, además de abstinencia, es necesario aprender a gestionar las emociones con la ayuda de un profesional.
Otra de las adicciones que está aumentando es la adicción a la tecnología, a videojuegos, al móvil. En este caso, quien lo sufre puede padecer ansiedad social, nerviosismo o dificultad para concentrarse.
El proceso de desintoxicación puede ser un desafío. Sin embargo, es un paso necesario en el camino hacia la recuperación. En este proceso no se trata solo de desintoxicar el cuerpo, sino también la mente.
El apoyo en la salud mental durante la desintoxicación es fundamental para garantizar la recuperación. Este apoyo puede incluir terapia cognitivo-conductual, recibir apoyo psicológico e incluso la participación activa en grupos de apoyo también ayuda en la recuperación.
La terapia individual ayuda a la persona a identificar y abordar los factores emocionales y psicológicos que contribuyeron a la adicción, así como a desarrollar habilidades de afrontamiento saludables.
Por su parte, la terapia grupal proporciona un espacio de apoyo y comprensión mutua, donde los individuos pueden compartir sus experiencias y aprender unos de otros.
La prevención, fundamental
Antes de finalizar este artículo diré que si hay algo fundamental en la gestión de las adiciones es la PREVENCIÓN.
Educar desde edades tempranas sobre los riesgos y las consecuencias que tienen los comportamientos adictivos es clave para reducir la incidencia de estos problemas en la sociedad.
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Signos de alerta ante posibles trastornos mentales
La ansiedad y la depresión son dos de los problemas de salud mental más comunes.
Y a pesar de que su impacto puede llegar a ser muy negativo, no es fácil percibirlo en una persona que lo sufre, e incluso quien lo está padeciendo no termina de ser consciente hasta que el problema se agrava.
Por ello, quiero abordar las señales a las que hay que prestar atención para detectar este tipo de problemas en la salud de nuestros familiares o amigos.
Indicios de ansiedad
Cada persona convive con la ansiedad de una manera distinta y aunque algunas consiguen “dominarla” inicialmente, debemos saber reconocer los síntomas físicos y psíquicos que se manifiestan para poder poner solución antes de que se agrave
Algunos de los síntomas más comunes son:
- Molestias estomacales.
- Sensación de ahogo.
- Opresión y dolor en pecho y espalda.
- Taquicardias.
- Boca seca y pastosa.
- Sudoración.
- Tensión muscular.
- Hormigueo en el cuerpo y cara.
- Mareos.
- Preocupación excesiva.
- Pensamiento irracional.
- Estar en permanente anticipación.
- Tener pensamientos catastróficos.
- Alteraciones en el sueño o la alimentación.
- Falta de control en las reacciones o evitar las relaciones sociales.
Indicios de depresión
La depresión puede afectar a cualquier persona y en cualquier momento, pero se manifiesta de diferentes formas en función de la edad. Los síntomas más habituales que suelen experimentar las personas la padecen están relacionados con alteraciones de su estado de ánimo, de la motivación, psicofisiológicas y de sus funciones cognitivas.
Entre ellos encontramos:
- Tristeza y fácil irritabilidad.
- Bajo estado de ánimo.
- Pérdida de interés por las aficiones.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
- Aplazamiento de las obligaciones.
- Insomnio o somnolencia con frecuencia.
- Sensación de culpabilidad.
- Cansancio.
- Cambios psicomotores, como sobreexcitación o enlentecimiento, que indica un empeoramiento de la depresión.
- Pensamientos de muerte o de suicidio. (lee más sobre prevención del suicidio)
Estos son solo un par de ejemplos de trastornos mentales de los muchos que existen, y algunos de los síntomas que puede detectar tanto la persona que lo padezca como quien esté a su alrededor. De este modo, podrá dar la voz de alarma para que un especialista pueda ayudar acabar con el problema.
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Síndrome del Nido Vacío ¿Qué es y cómo superarlo?
En muchas familias, cuando los hijos se van de casa a estudiar o por motivos de trabajo, los padres experimentan un conjunto de emociones y sentimientos que en psicología llamamos el Síndrome del Nido Vacío.
Se trata de una respuesta emocional que tienen los progenitores ante la ausencia de sus hijos en el hogar.
De acuerdo a las características de la personalidad que posea cada persona, este síndrome se puede experimentar de una forma u otra. Lo más común es que los padres experimenten un sentimiento de tristeza, anhelo, pérdida y dolor al ver a sus hijos “volar”, al ver que han crecido y que ya no les necesitan.
En realidad, el Síndrome del Nido Vacío no deja de ser un duelo. Y como todo duelo tiene sus etapas que son: negación, ira, negociación, depresión y, finalmente, aceptación.
Su duración dependerá de ese proceso de duelo. Así, cuando más se aferren al pasado, al recuerdo del hijo que ha crecido y ha hecho su vida, más se tardará en superarlo.
Hay quienes lo sufren unas semanas, a otras les dura algunos meses y habrá quienes estén incluso años con este sentimiento. Una manera de ayudarse a uno mismo es abandonar la comodidad de los recuerdos vividos y centrarse en el presente.

¿Cómo superarlo?
Hay pequeñas cosas que se pueden hacer en el día a día para que así, quienes sufren este síndrome, lo lleven lo mejor posible. A continuación enumero algunas de ellas:
- Prepararse para la llegada de ese momento, tarde o temprano llegará el día en el que los hijos sean independientes.
- Alegrarse por ello, por haber logrado esa independencia.
- Reconocer la pena: es normal echarles de menos cuando se marchan.
- No perder el contacto a través de visitas, llamadas, mensajes. Aunque el hijo se vaya de casa el vínculo afectivo no debería perderse.
- Aprovechar para vivir nuevas experiencias, hacer cosas que antes, con el cuidado de la familia, no podías hacer por falta de tiempo.
- Impulsar la relación de pareja o buscar una nueva.
- Fomentar las amistades que se hayan podido quedar deterioradas por centrarse en el cuidado de los hijos.
Y en caso no ser capaz de llevar a cabo estas recomendaciones y de que ese sentimiento de tristeza se prolongue demasiado en el tiempo, no hay que dudar en pedir ayuda a un profesional para aprender a gestionar ese sentimiento, tratar aquellas cuestiones que te hacen sentirte mal y así poder vivir con mayor tranquilidad y equilibrio emocional.
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Atiquifobia o miedo al fracaso
Es algo más común de lo que nos pensamos y la mayoría de las personas lo han sufrido en algún momento de su vida. Hablamos de atiquifobia, que no es más (ni menos) que el miedo a fracasar.
Suele ser habitual querer tener éxito y no fracasar. En este caso, el miedo puede ser positivo ya que nos ayuda a superarnos y a prevenir consecuencias negativas. Sin embargo, cuando este sentimiento se vuelve irracional y extremo, puede impedirnos llevar a cabo nuestros objetivos por el miedo a que no salga como esperamos.
Es entonces cuando se convierte en un problema. Dejamos de hacer cosas que solíamos hacer o evitamos exponernos a situaciones nuevas simplemente por el hecho de fracasar.
Orígenes de esta fobia
El origen de la atiquifobia puede venir a través de diferentes factores.
Hay quienes lo sufren motivado por traumas vividos en el pasado, en el que el fracaso ha estado muy presente.
También lo sufren personas con baja autoestima, que tienen una imagen negativa de sí mismas y que hace que piensen que no pueden o no se ven capaces de hacer determinadas cosas. Esto les lleva a evitar situaciones por miedo a fracasar.
Entre las personas perfeccionistas también suele ser común esta fobia, ya que su autoexigencia les lleva a tener pensamientos catastrofistas.
Del mismo modo, aquellos que tienen o han tenido padres exigentes y autoritarios han aprendido a ganarse su afecto a través de los buenos resultados y no pueden permitirse fallar. La autoexigencia empieza a ser una forma de vida y comienzan a tener miedo de fracasar por no complacer a sus padres. En este caso, los niños se ven obligados a tener éxito y por eso se muestran inseguros.
Quienes prefieren pasar desapercibidos, el éxito se convierte en un miedo horrible. Para estas personas, ser exitosas implica tener que salir de su zona de confort y realizar muchos cambios. Es por eso que evitarán implicarse en cualquier situación que pueda conllevar éxitos y lo acusarán al miedo al fracaso, aunque el miedo real es al propio éxito.
Por último, la sociedad actual tampoco favorece a quienes sufren esta fobia, ya que se fomenta la perfección y la autoexigencia en todo momento, y especialmente a través de las redes sociales. Por eso, hoy en día el miedo al fracaso es más común de lo que nos pensamos y afecta a muchas personas.

Cómo evitar el miedo al fracaso
Aunque pueda parecer complicado, para evitar el miedo al fracaso hemos de interiorizar una serie de aspectos:
- Hay que pensar que el hecho de que las cosas no salgan como esperamos no convierte a nadie en un fracasado y equivocarse una vez no significa que siempre nos vayamos a equivocar.
- Podríamos decir que el fracaso en sí no existe, existen las experiencias que pueden salir bien o de las que puedes extraer una lección. Lo importante es intentarlo y no quedarse con las ganas por miedo.
- El hecho de que haya ido mal en otras ocasiones no significa que vaya a volver a pasar lo mismo.
- No hay que anticiparse a las situaciones, hasta que no hacemos algo no sabremos sus consecuencias.
- Debemos evitar compararnos con los demás, ser conscientes de nuestras capacidades y ponernos metas que podamos cumplir.
Y en caso de que la situación se vaya de las manos, no dudar en pedir ayuda a un psicólogo que nos ayude a superarlo. Durante el proceso psicoterapéutico se puede descubrir el verdadero origen de la fobia para superarla.
¡Y no dejes pasar las oportunidades por miedo a fracasar!
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Trastornos psicológicos más comunes en la adolescencia
La adolescencia es una época llena de cambios, de adaptación, de asumir nuevas responsabilidades, nuevos retos. Y todo ello puede generar mucha incertidumbre, malestar e incluso derivar en alteraciones mentales o trastornos psicológicos.
Si tenemos hijos o familiares cercanos que están pasando por esta etapa es importante prestar atención a su conducta, a cómo se encuentran, cómo se sienten, cómo se comportan. Así, ante el menor atisbo de problema y para evitar que vaya a más, pedir ayuda a un profesional.
Y es que resulta fundamental que las necesidades de los adolescentes estén atendidas a su debido tiempo para que se les preste la atención psicológica y psiquiátrica correspondientes. Muchas veces, los padres y madres no saben cómo prevenir, cómo detectar y cómo tratar trastornos relacionados con la salud mental en los adolescentes.
Asegurarse de que tengan un buen estado de salud mental es fundamental para cualquier madre o padre. Por ello, vamos hablar de los problemas psicológicos más comunes en esta etapa de la vida.

Principales trastornos
Ansiedad generalizada. La persona que lo sufre siente malestar o angustia ante situaciones en las que realmente no hay ningún peligro. Aun así, quien lo padece lo percibe como tal. Entre los síntomas fisiológicos que genera figuran temblores, taquicardia o insomnio. Los síntomas cognitivos generan pensamientos catastróficos, creencia de que hay peligros…
En muchos casos, este tipo de trastorno puede estar vinculado con el hecho de ir al colegio o instituto, realizar exámenes, hacer presentaciones en público, e incluso sufrir acoso escolar.
Fobia social. El hecho de relacionarse con gente nueva, abrirse a un nuevo círculo de amigos e incluso interactuar con otras personas puede suponer un problema en muchos adolescentes. En la mayoría de los casos, quien sufre este trastorno suelen tener baja autoestima y pueden haber sufrido algún tipo de trauma que lleva a crear barreras con el resto de la sociedad.
Trastorno de la conducta. Se caracteriza porque quienes lo sufren suelen tener una conducta agresiva y tienden a saltarse las normas.
Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Este trastorno suele diagnosticarse durante la infancia, pero hay ocasiones en las que los síntomas permanecen hasta la adolescencia. Aquéllos que lo sufren tienen dificultades para llevar un rendimiento adecuado en el colegio. También puede conducir a aumentar las probabilidades de desarrollar adicciones. Este trastorno también está asociado a la impulsividad y la agitación psicofisiológica.
Trastornos de la conducta alimentaria. Aunque puede surgir en cualquier momento, este tipo de trastornos está asociado especialmente a la etapa de la adolescencia. Es en ese momento cuando los adolescentes sienten la necesidad de ser aceptados por los demás y cuando la preocupación por la imagen física se intensifica. Si ésta no encaja en los “cánones establecidos” puede desembocar en problemas de anorexia, bulimia, vigorexia…
Todo esto, y contado a grandes rasgos, nos puede dar una idea de los posibles trastornos a los que se pueden enfrentar los adolescentes para detectarlos a tiempo y poder pedir ayuda a un profesional de la psicología lo antes posible.
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