
¿Cómo influye el tiempo en nuestro estado de ánimo?
Estamos a 11 de febrero y llevamos semanas con lluvia casi constante, —en algunas zonas como la nuestra, Ávila, nieve también—, cielos grises y poca luz. Ante este panorama, muchas personas comentan lo mismo: “estoy más apagada”, “me cuesta más arrancar por las mañanas”, “no tengo ganas de nada”.
Y no es casualidad. El tiempo meteorológico puede influir en cómo nos sentimos.
¿De verdad el tiempo afecta al estado de ánimo?
Sí, puede hacerlo. No a todo el mundo por igual, pero sí a muchas personas. Nuestro cuerpo y nuestro cerebro están conectados con el entorno. La luz, la temperatura y los cambios de estación influyen en nuestros ritmos biológicos, en el sueño y en nuestros niveles de energía.
Cuando hay menos horas de luz natural, como ocurre en periodos prolongados de lluvia y cielos cubiertos, es habitual notar:
- Más cansancio.
- Más dificultad para concentrarse.
- Sensación de apatía o desmotivación.
- Mayor tendencia al aislamiento.
- Más sensibilidad emocional.
No significa que estemos “mal” ni que tengamos necesariamente un problema psicológico. En muchos casos, es una reacción normal a un entorno que también está más apagado.
La importancia de la luz
La luz natural tiene un papel clave en la regulación de nuestros ritmos internos. Nos ayuda a mantener un ciclo sueño-vigilia estable y a sentirnos más activados durante el día.
Cuando pasamos muchos días con poca luz:
- Nuestro cuerpo puede sentirse más lento.
- Nos cuesta más despertarnos.
- Aumenta la sensación de pesadez.
Es como si el exterior nos invitara constantemente a quedarnos en pausa.
El efecto psicológico de los días grises
Más allá de lo biológico, también está el componente simbólico y emocional. El clima influye en nuestros planes y en nuestra vida social. Cuando llueve sin parar:
- Salimos menos.
- Cancelamos actividades.
- Reducimos el contacto social espontáneo.
- Pasamos más tiempo en casa.
Y el aislamiento, aunque sea leve y temporal, puede afectar al ánimo.
Además, los cielos grises y la lluvia constante pueden generar una atmósfera que asociamos con tristeza o melancolía. A veces, el entorno actúa como un amplificador de cómo ya nos sentíamos.
¿Cuándo debemos prestar atención?
Es importante diferenciar entre:
- Un bajón puntual relacionado con el clima.
- Un estado de ánimo bajo que se mantiene en el tiempo y afecta de forma clara al funcionamiento diario.
Si la tristeza es intensa, dura semanas, interfiere con el trabajo o las relaciones, o aparece una sensación persistente de desesperanza, conviene buscar ayuda profesional. El clima puede influir, pero no lo explica todo.
¿Qué podemos hacer en periodos largos de lluvia?
Aunque no podamos cambiar el tiempo, sí podemos cuidar cómo nos afecta.
Algunas recomendaciones sencillas:
- Aprovechar al máximo la luz natural: abrir cortinas, colocarnos cerca de ventanas.
- Mantener rutinas estables de sueño.
- Salir a caminar, aunque esté nublado (si es posible y seguro).
- Mantener el contacto social, aunque sea con planes sencillos.
- Hacer pequeñas actividades agradables en casa que generen sensación de bienestar.
- Ser amables con nosotros mismos si notamos menos energía.
No se trata de obligarnos a estar alegres cuando el cuerpo pide más calma, sino de acompañarnos con conciencia.
Un mensaje importante
Sentirse más apagado en épocas de lluvia constante es humano. No es debilidad. No es falta de voluntad. Nuestro estado emocional no está desconectado del entorno.
Quizá estos días grises también puedan ser una invitación a bajar el ritmo, a escuchar lo que necesitamos y a tratarnos con más cuidado.
Y si notas que el gris se ha instalado por dentro y no se va, pedir ayuda también es una forma de autocuidado.
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Síndrome post-examen: qué es y cómo afrontarlo
Hace unos días los estudiantes de Bachillerato se sometieron a la Prueba de Acceso a la Universidad (antigua selectividad). Esto les ha tenido durante todo un curso bajo la presión de alcanzar la nota que marcará el futuro de sus estudios.
Y aunque no ocurre en todos los casos, es posible que tras realizar el examen, tanto ellos, como otros estudiantes sometidos a ese estrés, sientan una sensación de vacío, tristeza y falta de motivación. Es lo que se conoce como el síndrome post-examen.
¿En qué consiste el síndrome post-examen?
Tras estar durante un tiempo sometido a la presión de uno o varios exámenes importantes, el cuerpo responde al estrés de estas pruebas con una liberación de hormonas, como la adrenalina.
Una vez que se elimina esa presión del examen, el cuerpo puede experimentar fatiga y un cambio en la rutina. Esto puede generar sensación de:
- Vacío emocional: es ese sentimiento de falta de propósito o motivación.
- Tristeza o apatía: es cuando uno se siente desanimado o sin ganas de hacer cosas.
- Falta de energía: sentir cansancio y no tener ganas de realizar actividades.
¿Cómo afrontarlo?
1 En primer lugar, es importante aceptar que es normal sentirse así después de un periodo de exámenes.
2 En segundo lugar, los estudiantes deben volver a esas actividades con las que disfrutaban antes de los exámenes.
3 También se debe de dar un descanso al cuerpo y la mente para que se recuperen del estrés al que se han sometido.
4 Por otro lado, igual de importante es buscar nuevas actividades o intereses para reorientar la energía y la motivación.
Y en caso de que los síntomas persistan o empeoren, sería necesario buscar ayuda profesional de un psicólogo.
El síndrome post-examen es una experiencia común que requiere de un manejo adecuado para evitar que se convierta en un problema más grave. Identificar los síntomas, reconocer los sentimientos, buscar apoyo y reincorporarse gradualmente a actividades que brinden placer y motivación son clave para superar esta etapa.
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El cortisol y su papel en el bienestar psicológico
Es conocida como la hormona del estrés y juega un papel importante en el bienestar psicológico de las personas.
Hablamos del cortisol y nuestro cuerpo la produce todos los días, especialmente por la mañana, cuando su nivel es más alto. A medida que pasan las horas va disminuyendo.
Nos permite reaccionar ante distintas situaciones que puedan suponer una amenaza. Sin embargo, su exceso o desequilibrio en el organismo puede tener efectos negativos. En este caso, provoca problemas de ansiedad, depresión, dificultad para concentrarse o alteraciones en el sueño.
Efectos de unos niveles óptimos de cortisol
En condiciones normales, y con unos niveles adecuados, el cortisol tiene distintas funciones:
- Ayuda al cuerpo a responder a situaciones de estrés físico o emocional.
- Regula el metabolismo, ayudando a utilizar la glucosa y las grasas para obtener energía.
- Reduce la inflamación en el cuerpo.
- Regula la presión arterial
- Influye en la respuesta del sistema inmunológico.
- Ayuda a regular el ritmo circadiano, incluyendo el ciclo sueño.
- Participa en la consolidación de recuerdos.
¿Qué eleva eleva el cortisol?
Un exceso de cortisol puede tener efectos muy negativos, como los que hemos indicado al inicio del texto y que veremos a continuación.
Pero antes, queremos enumerar algunas causas que hacen que el cortisol en nuestro cuerpo se incremente y que nuestro mundo sea más hostil:
- Tener incertidumbre constante
- Vivir con miedo
- Estar bajo presión provocada por algo o alguien
- Vivir bajo control
Efectos del exceso de cortisol en la salud mental
El exceso de cortisol, provocado por las causas enumeradas anteriormente, o por otras, genera estrés crónico, y cuando el estrés es crónico y el cortisol permanece elevado durante largos periodos, puede causar:
1. Ansiedad: el exceso de cortisol puede hiperactivar el sistema nervioso simpático, lo que genera una sensación constante de alerta o amenaza.
2. Depresión: niveles elevados de cortisol están relacionados con cambios en áreas del cerebro como el hipocampo, que se asocian con síntomas depresivos.
3. Deterioro cognitivo: el cortisol en exceso puede afectar la memoria y la capacidad de concentración, ya que daña células en el hipocampo, una región clave para el aprendizaje.
4. Trastornos del sueño: el cortisol alto, especialmente por la noche, interfiere con el ritmo circadiano, dificultando el sueño reparador.
5. Fatiga emocional: la exposición prolongada al estrés lleva a una sensación de agotamiento mental y emocional.
¿Cómo mantener el cortisol bajo control?
Para tener unos niveles de cortisol adecuados es recomendable:
- Realizar ejercicio moderado (no excesivo, porque eso puede aumentarlo).
- Dormir bien, al menos 7 horas.
- Llevar una buena alimentación (evitar azúcar en exceso y cafeína en exceso).
- Y tener apoyo social y emocional.
Para resumir, el cortisol es esencial, pero su desequilibrio, especialmente por estrés crónico, puede dañar el bienestar psicológico. Regular los niveles de cortisol es clave para mantener una buena salud mental y emocional.
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Ni héroes ni villanos
Cuando alguien acude a terapia tras un intento de suicidio, los psicólogos no podemos considerarnos héroes, si conseguimos evitarlo, ni tampoco villanos, si no lo conseguimos. Trataremos de aplazar, escuchar, permitir que se desahoguen con nosotros y recabaremos toda la información que podamos ante ese hecho.
Pondremos a disposición de nuestros pacientes todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para evitarlo. Pero no seremos responsables de lo que esa persona, finalmente, decida hacer, ni para bien, ni para mal.
Ya hemos contado en varias ocasiones que tenemos una amplia formación en prevención de suicidio. Y no dejamos de profundizar nuestros conocimientos para ponernos al servicio de nuestros pacientes.
Y una vez lo hacemos, uno de nuestros lemas ante quienes pasan por consulta es “no queremos honores, ni tampoco responsabilidades». La terapia es un acto voluntario, nadie está obligado a venir. Y los psicólogos nunca podemos, ni debemos, insistir a nadie para que alguien venga.
Quien decide venir, por su bien, debería comprometerse a seguir las pautas que le proporcionamos o a usar las herramientas que le facilitamos para mejorar su salud metal. Sin embargo, el hecho de que lo haga, o no lo haga, no es nuestra responsabilidad.
La única persona responsable de que funcione la terapia es la que acude a consulta. Es ella quien tiene en sus manos la capacidad de cambiar su vida en base al conocimiento que ponemos a su servicio.
Para entenderlo mejor me gusta poner un ejemplo sencillo. Cuando una persona acude a un nutricionista para perder peso, el nutricionista da unas pautas para lograrlo. Pero es responsabilidad de la persona seguirlas, y conseguir su objetivo, o hacer todo lo contrario y no conseguirlo. El nutricionista puede ser el mejor, pero si la persona que quiere perder peso no aplica sus consejos, por muy bueno que sea el nutricionista, el paciente no logrará su propósito.
En terapia ocurre lo mismo. Es por eso que nunca aceptamos honores y tampoco responsabilidades ante el resultado final. El responsable de ese resultado siempre será el paciente que, en base a las herramientas que le proporcionamos podrá decidir si ponerlas en práctica, o no hacerlo.
Los psicólogos, de lo único que somos responsables es de poner a su servicio todo nuestro conocimiento.
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¿Nada te hace feliz? Sabemos lo que te pasa y tiene solución
¿Sientes que nada te hace feliz o que no disfrutas con nada?
Si es así quizás te interese saber que eso tiene nombre: anhedonia.
La RAE lo define como: Incapacidad para sentir placer.
Yo añadiría también que es la dificultad que tiene una persona para sentirse bien con las cosas que le gustan o le emocionan.
No está considerado en sí mismo como un trastorno, sino que es un síntoma que se presenta en algunos trastornos emocionales y psiquiátricos, como puede ser: la depresión, la demencia, la anorexia, la esquizofrenia o las adicciones.
También puede deberse a un efecto secundario de algunos medicamentos.
Las personas con anhedonia pierden el interés por las actividades que solían hacerles felices, se aíslan socialmente.
Causas
Desde el punto de vista fisiológico, una de las principales causas de la aparición de la anhedonia se debe a una alteración cerebral que impide la producción y liberación de dopamina.
La dopamina es una sustancia química que se encuentra en el cerebro y que tiene como acción principal generar sensaciones de placer.
En situaciones depresivas o de un gran estrés o ansiedad, el cerebro se bloquea y es incapaz de generar esta sustancia.
Así, no podríamos decir que existe una sola causa, sino que existen multitud de factores que lo puedan desembocar. Aunque bien es cierto que la depresión, la esquizofrenia y las drogas son las principales causantes de la anhedonia, sobre todo cuando esta es generalizada y afecta a todas las actividades de nuestra vida.
Síntomas
Para identificar esta afección es necesario conocer sus síntomas. Algunos de ellos son:
- Desmotivación o pérdida de interés por las actividades del día a día, así como por cosas que antes sí interesaban o emocionaban a la persona.
- Cansancio y falta de energía.
- Baja autoestima por no ser capaz de actuar como antes lo hacía.
- Dificultad para pensar, concentrarse y decidir.
- Aislamiento social.
- Cambios en la conducta alimentaria.
- Pérdida de la libido o la falta de interés en la intimidad física.
- Alteraciones del sueño.
Tratamiento
Para aquellos que crean que pueden sufrir anhedonia lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional de la psicología que realice una evaluación psicodiagnóstica y así poder conocer las causas de su origen.
Ese origen puede deberse a un tipo de trastorno de base o a causas exógenas, como puede ser un problema laboral, familiar, sentimental, etc., y en función del mismo, el profesional tratamiento abordará el tratamiento más adecuado.
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El síndrome de la madre (o el padre) ausente
El próximo domingo, 5 de mayo, se celebra el día de la madre.
Sin embargo, hay muchas personas para las que no es agradable celebrar este día.
Y no porque no tengan madre, sino porque no está (o no ha estado) presente en su día a día.
Estas personas sufren el síndrome de la madre (o padre, porque también puede darse en la figura paterna) ausente.
El hecho de que una madre (o padre) no esté presente en la vida diaria de sus hijos puede deberse a múltiples causas. Largas jornadas laborales, traslado laboral, divorcio, pero también puede tratarse de una ausencia emocional. Y esto puede provocar en los hijos un profundo sufrimiento.
¿Qué provoca en los niños?
La ausencia emocional por parte de los progenitores genera en los hijos una sensación de abandono, provocada por la falta de cariño que, a su vez, impacta directamente en su desarrollo físico, mental y afectivo.
Esa necesidad de amor no cubierta provoca también sensación de malestar, de soledad y de vacío. Y para llenar ese hueco, los hijos se enfrentan a una constante búsqueda de aprobación por parte de terceros.
Además, las personas que padecen el síndrome de la madre o el padre ausente son, en general, más inseguros. También tienen baja autoestima y les es difícil gestionar sus emociones. A lo largo de su vida pueden padecer tristeza, desinterés, desmotivación e incluso llegar a la depresión.
Así que, si todo esto está provocado por la ausencia de su padre o su madre, ¿Cómo van a querer celebrar su día? A contrario, puede causar en ellos un profundo dolor.
¿Cómo pueden ser de adultos?
Hay que tener en cuenta también que los niños que han sufrido la ausencia emocional de sus padres, cuando crecen, pueden repetir los patrones de conducta con los que se han educado.
Es decir, es muy posible que establezcan relaciones tóxicas ante esa necesidad de encontrar el afecto que les ha faltado de su padre o de su madre. También puede que tengan miedo al abandono. E incluso con sus propios hijos podrían repetir el patrón de estar ausentes o, por el contrario, pasar a ejercer una sobreprotección.
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Adicciones y salud mental
Ansiedad, depresión e incluso esquizofrenia. Éstos son algunos de los trastornos que sufren las personas adictas a sustancias como el alcohol, las drogas, o a comportamientos como el juego.
La adicción es una enfermedad crónica y compleja que afecta al funcionamiento de nuestro cerebro y al comportamiento de una persona. Se caracteriza por la búsqueda compulsiva y el consumo de una sustancia o la realización de una actividad, a pesar de las consecuencias negativas que pueda acarrear.
Además, la persona que sufre o padece este tipo de adicciones no es el único perjudicado. Sus conductas suelen afectar también, y mucho, a su entorno familiar y social. Y son éstos, su entorno, quienes en muchas ocasiones tienen que animar a la persona que lo padece a acudir a consulta con un psicólogo para su tratamiento.
¿Cómo afectan psicológicamente las adicciones?
Las adicciones a sustancias como el alcohol y las drogas alteran la química cerebral y afectan negativamente el equilibrio emocional. En este caso, puede desencadenar en depresión o en ansiedad. Y para su recuperación, además de abstinencia, es necesario aprender a gestionar las emociones con la ayuda de un profesional.
Otra de las adicciones que está aumentando es la adicción a la tecnología, a videojuegos, al móvil. En este caso, quien lo sufre puede padecer ansiedad social, nerviosismo o dificultad para concentrarse.
El proceso de desintoxicación puede ser un desafío. Sin embargo, es un paso necesario en el camino hacia la recuperación. En este proceso no se trata solo de desintoxicar el cuerpo, sino también la mente.
El apoyo en la salud mental durante la desintoxicación es fundamental para garantizar la recuperación. Este apoyo puede incluir terapia cognitivo-conductual, recibir apoyo psicológico e incluso la participación activa en grupos de apoyo también ayuda en la recuperación.
La terapia individual ayuda a la persona a identificar y abordar los factores emocionales y psicológicos que contribuyeron a la adicción, así como a desarrollar habilidades de afrontamiento saludables.
Por su parte, la terapia grupal proporciona un espacio de apoyo y comprensión mutua, donde los individuos pueden compartir sus experiencias y aprender unos de otros.
La prevención, fundamental
Antes de finalizar este artículo diré que si hay algo fundamental en la gestión de las adiciones es la PREVENCIÓN.
Educar desde edades tempranas sobre los riesgos y las consecuencias que tienen los comportamientos adictivos es clave para reducir la incidencia de estos problemas en la sociedad.
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Signos de alerta ante posibles trastornos mentales
La ansiedad y la depresión son dos de los problemas de salud mental más comunes.
Y a pesar de que su impacto puede llegar a ser muy negativo, no es fácil percibirlo en una persona que lo sufre, e incluso quien lo está padeciendo no termina de ser consciente hasta que el problema se agrava.
Por ello, quiero abordar las señales a las que hay que prestar atención para detectar este tipo de problemas en la salud de nuestros familiares o amigos.
Indicios de ansiedad
Cada persona convive con la ansiedad de una manera distinta y aunque algunas consiguen “dominarla” inicialmente, debemos saber reconocer los síntomas físicos y psíquicos que se manifiestan para poder poner solución antes de que se agrave
Algunos de los síntomas más comunes son:
- Molestias estomacales.
- Sensación de ahogo.
- Opresión y dolor en pecho y espalda.
- Taquicardias.
- Boca seca y pastosa.
- Sudoración.
- Tensión muscular.
- Hormigueo en el cuerpo y cara.
- Mareos.
- Preocupación excesiva.
- Pensamiento irracional.
- Estar en permanente anticipación.
- Tener pensamientos catastróficos.
- Alteraciones en el sueño o la alimentación.
- Falta de control en las reacciones o evitar las relaciones sociales.
Indicios de depresión
La depresión puede afectar a cualquier persona y en cualquier momento, pero se manifiesta de diferentes formas en función de la edad. Los síntomas más habituales que suelen experimentar las personas la padecen están relacionados con alteraciones de su estado de ánimo, de la motivación, psicofisiológicas y de sus funciones cognitivas.
Entre ellos encontramos:
- Tristeza y fácil irritabilidad.
- Bajo estado de ánimo.
- Pérdida de interés por las aficiones.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
- Aplazamiento de las obligaciones.
- Insomnio o somnolencia con frecuencia.
- Sensación de culpabilidad.
- Cansancio.
- Cambios psicomotores, como sobreexcitación o enlentecimiento, que indica un empeoramiento de la depresión.
- Pensamientos de muerte o de suicidio. (lee más sobre prevención del suicidio)
Estos son solo un par de ejemplos de trastornos mentales de los muchos que existen, y algunos de los síntomas que puede detectar tanto la persona que lo padezca como quien esté a su alrededor. De este modo, podrá dar la voz de alarma para que un especialista pueda ayudar acabar con el problema.
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Síndrome del Nido Vacío ¿Qué es y cómo superarlo?
En muchas familias, cuando los hijos se van de casa a estudiar o por motivos de trabajo, los padres experimentan un conjunto de emociones y sentimientos que en psicología llamamos el Síndrome del Nido Vacío.
Se trata de una respuesta emocional que tienen los progenitores ante la ausencia de sus hijos en el hogar.
De acuerdo a las características de la personalidad que posea cada persona, este síndrome se puede experimentar de una forma u otra. Lo más común es que los padres experimenten un sentimiento de tristeza, anhelo, pérdida y dolor al ver a sus hijos “volar”, al ver que han crecido y que ya no les necesitan.
En realidad, el Síndrome del Nido Vacío no deja de ser un duelo. Y como todo duelo tiene sus etapas que son: negación, ira, negociación, depresión y, finalmente, aceptación.
Su duración dependerá de ese proceso de duelo. Así, cuando más se aferren al pasado, al recuerdo del hijo que ha crecido y ha hecho su vida, más se tardará en superarlo.
Hay quienes lo sufren unas semanas, a otras les dura algunos meses y habrá quienes estén incluso años con este sentimiento. Una manera de ayudarse a uno mismo es abandonar la comodidad de los recuerdos vividos y centrarse en el presente.

¿Cómo superarlo?
Hay pequeñas cosas que se pueden hacer en el día a día para que así, quienes sufren este síndrome, lo lleven lo mejor posible. A continuación enumero algunas de ellas:
- Prepararse para la llegada de ese momento, tarde o temprano llegará el día en el que los hijos sean independientes.
- Alegrarse por ello, por haber logrado esa independencia.
- Reconocer la pena: es normal echarles de menos cuando se marchan.
- No perder el contacto a través de visitas, llamadas, mensajes. Aunque el hijo se vaya de casa el vínculo afectivo no debería perderse.
- Aprovechar para vivir nuevas experiencias, hacer cosas que antes, con el cuidado de la familia, no podías hacer por falta de tiempo.
- Impulsar la relación de pareja o buscar una nueva.
- Fomentar las amistades que se hayan podido quedar deterioradas por centrarse en el cuidado de los hijos.
Y en caso no ser capaz de llevar a cabo estas recomendaciones y de que ese sentimiento de tristeza se prolongue demasiado en el tiempo, no hay que dudar en pedir ayuda a un profesional para aprender a gestionar ese sentimiento, tratar aquellas cuestiones que te hacen sentirte mal y así poder vivir con mayor tranquilidad y equilibrio emocional.
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«Abandonada»
Sé que debemos mantener una distancia emocional con los pacientes, nosotros debemos acompañarles en ese problema pero ese problema no pertenece a nuestra vida.
Aun así, para mí, es lo más duro de mi trabajo, porque el vínculo que creo con ellos es especial.
Contaré lo que le ha pasado a mi paciente, llamémosla Pepita (nombre ficticio), por supuesto con su autorización, a pesar de que no daré ningún dato sobre ella.
Seré breve, pero concisa: le han dado el alta en psiquiatría. A priori, no es mala noticia, ¿no? Pues todo depende del contexto que lo rodeé.
En su caso, y entre otras cosas, está pasando por uno de sus peores momentos vitales con la familia viviendo lejos, su red social deteriorada, con intentos suicidas previos o despedida hace poco de malas formas…
Le pregunté que cuál era el motivo que daban desde psiquiatría para darle el alta, y, según ella, le dijeron «que si empeoraba, ella misma podía aumentar X su medicación, eso sí, que la asistencia psicológica conmigo no la dejase».
Le pregunté que cómo se sentía y usó una palabra que me impactó: «abandonada».
No soy psiquiatra, y creo en el poder de la terapia sin medicación en muchas ocasiones, pero, a veces, es necesaria y no se puede abandonar a un paciente en uno de sus peores momentos vitales.
Si la ven cada 2 o 3 meses durante unos minutos, ¿no habría sido mejor mantenerla un par de visitas más para ver cómo evoluciona su vida?
Al fin y al cabo, tampoco ocupa tanto tiempo en esa larga lista de psiquiatría, ¿no?
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