
¿Cómo influye el tiempo en nuestro estado de ánimo?
Estamos a 11 de febrero y llevamos semanas con lluvia casi constante, —en algunas zonas como la nuestra, Ávila, nieve también—, cielos grises y poca luz. Ante este panorama, muchas personas comentan lo mismo: “estoy más apagada”, “me cuesta más arrancar por las mañanas”, “no tengo ganas de nada”.
Y no es casualidad. El tiempo meteorológico puede influir en cómo nos sentimos.
¿De verdad el tiempo afecta al estado de ánimo?
Sí, puede hacerlo. No a todo el mundo por igual, pero sí a muchas personas. Nuestro cuerpo y nuestro cerebro están conectados con el entorno. La luz, la temperatura y los cambios de estación influyen en nuestros ritmos biológicos, en el sueño y en nuestros niveles de energía.
Cuando hay menos horas de luz natural, como ocurre en periodos prolongados de lluvia y cielos cubiertos, es habitual notar:
- Más cansancio.
- Más dificultad para concentrarse.
- Sensación de apatía o desmotivación.
- Mayor tendencia al aislamiento.
- Más sensibilidad emocional.
No significa que estemos “mal” ni que tengamos necesariamente un problema psicológico. En muchos casos, es una reacción normal a un entorno que también está más apagado.
La importancia de la luz
La luz natural tiene un papel clave en la regulación de nuestros ritmos internos. Nos ayuda a mantener un ciclo sueño-vigilia estable y a sentirnos más activados durante el día.
Cuando pasamos muchos días con poca luz:
- Nuestro cuerpo puede sentirse más lento.
- Nos cuesta más despertarnos.
- Aumenta la sensación de pesadez.
Es como si el exterior nos invitara constantemente a quedarnos en pausa.
El efecto psicológico de los días grises
Más allá de lo biológico, también está el componente simbólico y emocional. El clima influye en nuestros planes y en nuestra vida social. Cuando llueve sin parar:
- Salimos menos.
- Cancelamos actividades.
- Reducimos el contacto social espontáneo.
- Pasamos más tiempo en casa.
Y el aislamiento, aunque sea leve y temporal, puede afectar al ánimo.
Además, los cielos grises y la lluvia constante pueden generar una atmósfera que asociamos con tristeza o melancolía. A veces, el entorno actúa como un amplificador de cómo ya nos sentíamos.
¿Cuándo debemos prestar atención?
Es importante diferenciar entre:
- Un bajón puntual relacionado con el clima.
- Un estado de ánimo bajo que se mantiene en el tiempo y afecta de forma clara al funcionamiento diario.
Si la tristeza es intensa, dura semanas, interfiere con el trabajo o las relaciones, o aparece una sensación persistente de desesperanza, conviene buscar ayuda profesional. El clima puede influir, pero no lo explica todo.
¿Qué podemos hacer en periodos largos de lluvia?
Aunque no podamos cambiar el tiempo, sí podemos cuidar cómo nos afecta.
Algunas recomendaciones sencillas:
- Aprovechar al máximo la luz natural: abrir cortinas, colocarnos cerca de ventanas.
- Mantener rutinas estables de sueño.
- Salir a caminar, aunque esté nublado (si es posible y seguro).
- Mantener el contacto social, aunque sea con planes sencillos.
- Hacer pequeñas actividades agradables en casa que generen sensación de bienestar.
- Ser amables con nosotros mismos si notamos menos energía.
No se trata de obligarnos a estar alegres cuando el cuerpo pide más calma, sino de acompañarnos con conciencia.
Un mensaje importante
Sentirse más apagado en épocas de lluvia constante es humano. No es debilidad. No es falta de voluntad. Nuestro estado emocional no está desconectado del entorno.
Quizá estos días grises también puedan ser una invitación a bajar el ritmo, a escuchar lo que necesitamos y a tratarnos con más cuidado.
Y si notas que el gris se ha instalado por dentro y no se va, pedir ayuda también es una forma de autocuidado.
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¿Cómo nos afecta el cambio horario de invierno?
Un otoño más, (no sabemos si será el último) nos enfrentamos a un nuevo cambio de hora. En la madrugada de este domingo. 26 de octubre, el reloj se retrasará una hora y a las 3:00 serán las 2:00. Teóricamente “ganamos” 60 minutos, pero en la práctica muchas personas notan que algo se desajusta.
Cuesta levantarse, se percibe más cansancio durante el día e incluso hay a quienes les cambia el estado de ánimo.
A continuación, vamos a explicar la razón por la que ocurre esto y cómo podemos sobrellevarlo mejor.
Nuestro reloj interno se desincroniza
El cuerpo humano funciona según un reloj biológico interno, que se conoce como ritmo circadiano. Éste regula los ciclos de sueño, hambre, temperatura corporal y hasta el estado de ánimo. Se sincroniza principalmente con la luz solar.
Cuando cambiamos la hora, esa sincronización se altera: amanece antes y anochece más temprano. En invierno, los días más cortos y con menos luz afectan directamente la producción de melatonina y serotonina, dos hormonas clave para el sueño y el bienestar emocional.
Consecuencias comunes del cambio horario
Aunque el cambio de una hora pueda parecer insignificante, el cuerpo necesita entre 3 y 7 días para adaptarse completamente. Durante ese tiempo, es normal experimentar:
- Somnolencia diurna o dificultad para concentrarse.
- Desajustes en el sueño: acostarse más tarde o despertarse antes de lo habitual.
- Cambios de humor: irritabilidad, apatía o tristeza.
- Aumento del apetito o antojos de carbohidratos.
En personas con una sensibilidad mayor al cambio de luz —como quienes padecen trastorno afectivo estacional (TAE)— estos efectos pueden ser más intensos.
¿Cómo afecta la luz al estado de ánimo?
Con la llegada del horario de invierno, muchas personas experimentan un descenso anímico. Esto se debe a que la falta de luz natural reduce la serotonina, un neurotransmisor asociado al bienestar y la motivación.
Consejos para adaptarse mejor al horario de invierno
- Aprovecha la luz natural. Sal a caminar por la mañana o durante el mediodía. La exposición al sol ayuda a reajustar el reloj biológico.
- Mantén horarios regulares. Intenta acostarte y levantarte a la misma hora, incluso los fines de semana.
- Reduce la luz artificial por la noche. Especialmente la de pantallas (móvil, ordenador, televisión), que puede retrasar la liberación de melatonina.
- Cuida la alimentación. Evita cenas copiosas y prioriza alimentos ricos en triptófano (como plátano, avena o frutos secos), que favorecen el sueño.
- Haz ejercicio. Mejora la energía y el estado de ánimo, además de regular el descanso nocturno.
- Y escucha a tu cuerpo. Si el cansancio o el malestar persisten más de un par de semanas, puede ser útil consultar con un profesional de la salud mental.

¿Por qué es importante que haya un Día Mundial de la Prevención del Suicidio?
Cada 10 de septiembre se conmemora el día Mundial de la Prevención del Suicidio.
Lejos de ser una fecha aislada en el calendario, este día busca recordarnos que es necesario hablar de salud mental, y que pedir ayuda nunca es un signo de debilidad, sino de valentía.
Cada 10 de septiembre sirve para visibilizar la importancia de que, igual que cuidamos nuestra salud física, debemos cuidar también nuestra salud mental, romper el silencio y acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
Cada año, miles de personas en el mundo pierden la vida por un suicidio. Y detrás de cada una de ellas hay una historia, una familia, unos amigos y un entorno que queda profundamente afectado y dolido.
Es por eso que este día nos invita a reflexionar sobre la necesidad de romper el silencio de un tema que suele ser tabú, a olvidarnos de los estigmas y a abrir conversaciones sinceras sobre lo que significa atravesar momentos de dolor emocional.
Hablar salva vidas
Cuando alguien se siente escuchado sin juicios, encuentra una mano tendida o un espacio seguro para compartir lo que siente, aumenta la posibilidad de seguir adelante. La prevención comienza en preguntar cómo está de verdad un amigo, acompañar sin presionar y mostrar interés.
Cuidar la salud mental implica reconocer nuestras emociones, normalizar la búsqueda de ayuda profesional y entender que no estamos solos. También significa educar y sensibilizar para que, como sociedad, dejemos de ver el suicidio como un tema tabú y empecemos a abordarlo con empatía.
Si tú, o alguien cercano, atraviesa un momento difícil, piensa que no estás solo/a. Acudir a un profesional de la salud mental, buscar apoyo o hablar con alguien de confianza puede ayudarte.
En Psicología Mavi podemos ayudarte
La prevención del suicidio es un tema que en Psicología Mavi estamos especializados. Concretamente, Ángela Rodríguez, responsable de este proyecto, posee una amplia formación y experiencia.
Según sus propias palabras “es un tema que me apasiona, porque estoy convencida de la importancia que desempeña el papel de la prevención”.
Considera necesario dar a conocer el protocolo de actuación en estos casos, y también hacer entender a las personas que sí deben tomarse en serio los pequeños avisos que les puedan dar sus allegados, porque, de la ideación suicida al suicidio ejecutado, solo pasa un segundo.
Y este convencimiento es tan fuerte por los resultados obtenidos en el estudio que llevó a cabo durante la pandemia, en el año 2020.
Su formación y experiencia adquirida es la que pone en práctica actualmente en consulta para ayudar a todas aquellas personas que lo necesitan.
Así que, si eres una de ellas, no dudes en contactar con nosotros. Sabemos cómo ayudarte.
También te recordamos que El Ministerio de Sanidad promueve la Línea 024 de atención a la conducta suicida.
Se trata de una línea telefónica de ayuda a las personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, y a sus familiares y allegados, básicamente a través de la contención emocional por medio de la escucha activa por los profesionales del 024, la recomendación de que contacten con los servicios sanitarios del SNS o la derivación al 112 en los casos en los que se aprecie una situación de emergencia. En caso de emergencia vital inminente puede llamar directamente al teléfono de emergencias 112.
Talleres de prevención del suicidio
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Síndrome post-examen: qué es y cómo afrontarlo
Hace unos días los estudiantes de Bachillerato se sometieron a la Prueba de Acceso a la Universidad (antigua selectividad). Esto les ha tenido durante todo un curso bajo la presión de alcanzar la nota que marcará el futuro de sus estudios.
Y aunque no ocurre en todos los casos, es posible que tras realizar el examen, tanto ellos, como otros estudiantes sometidos a ese estrés, sientan una sensación de vacío, tristeza y falta de motivación. Es lo que se conoce como el síndrome post-examen.
¿En qué consiste el síndrome post-examen?
Tras estar durante un tiempo sometido a la presión de uno o varios exámenes importantes, el cuerpo responde al estrés de estas pruebas con una liberación de hormonas, como la adrenalina.
Una vez que se elimina esa presión del examen, el cuerpo puede experimentar fatiga y un cambio en la rutina. Esto puede generar sensación de:
- Vacío emocional: es ese sentimiento de falta de propósito o motivación.
- Tristeza o apatía: es cuando uno se siente desanimado o sin ganas de hacer cosas.
- Falta de energía: sentir cansancio y no tener ganas de realizar actividades.
¿Cómo afrontarlo?
1 En primer lugar, es importante aceptar que es normal sentirse así después de un periodo de exámenes.
2 En segundo lugar, los estudiantes deben volver a esas actividades con las que disfrutaban antes de los exámenes.
3 También se debe de dar un descanso al cuerpo y la mente para que se recuperen del estrés al que se han sometido.
4 Por otro lado, igual de importante es buscar nuevas actividades o intereses para reorientar la energía y la motivación.
Y en caso de que los síntomas persistan o empeoren, sería necesario buscar ayuda profesional de un psicólogo.
El síndrome post-examen es una experiencia común que requiere de un manejo adecuado para evitar que se convierta en un problema más grave. Identificar los síntomas, reconocer los sentimientos, buscar apoyo y reincorporarse gradualmente a actividades que brinden placer y motivación son clave para superar esta etapa.
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¿Qué son las Neurodivergencias?
Si nos sigues en redes sociales ya sabrás (y si no, te lo contamos ahora) que en Psicología Mavi tenemos una nueva colaboración.
Se trata de Miguel Ángel Rivera, psicólogo especializado en Neurodivergencias en adultos y adolescentes a partir de 16 años. Esto es, especialista en Trastorno del Espectro Autista, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, Altas Capacidades Intelectuales.
Miguel Ángel colabora con nosotros en la realización de evaluaciones neuropsicológicas para casos en los que se requiere un diagnóstico especializado. Su enfoque se basa en la evidencia científica y combina la neuropsicología con una comprensión integral de cada paciente.
Pero hoy queremos centrarnos en qué son las Neurodivergencias para entender mejor en qué consisten y lo que tienen en común las personas que las padecen.
Trastorno del Espectro Autista (TEA)
Se trata de una afección relacionada con el desarrollo del cerebro que afecta la manera en la que una persona percibe y socializa con otras personas, lo que causa problemas en la interacción social y la comunicación. También comprende patrones de conducta restringidos y repetitivos.
A día de hoy no se conoce su origen del autismo, pero se sabe que es genético.
Y según explica la Confederación Autismo España, tener autismo implica una forma diferente de procesar la información y de comprender el mundo que nos rodea, lo que se traduce en una serie de capacidades en las personas con esta condición, tales como: meticulosidad y atención por los detalles, sinceridad y honestidad, conocimiento exhaustivo sobre temas muy específicos de su interés o buenas competencias en tareas rutinarias, mecánicas y repetitivas.
Su tratamiento requiere un enfoque multidisciplinar.
Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
Se trata de un trastorno del neurodesarrollo, crónico, de mayor prevalencia en la niñez, y se mantiene en la edad adulta en un 50% de las personas.
Se caracteriza por problemas persistentes de atención, hiperactividad e impulsividad.
Las personas que lo padecen suelen tener problemas para concentrarse en tareas, seguir instrucciones y organizar actividades.
Su hiperactividad se manifiesta con una inquietud constante y una necesidad de moverse en todo momento.
Y la impulsividad con acciones rápidas sin pensar en las consecuencias.
Su tratamiento requiere una combinación de medicación y terapia conductual.
Altas Capacidades Intelectuales (AACC)
Las personas con Altas Capacidades Intelectuales tienen una inteligencia muy superior a la media y una forma de aprender y de sentir diferente. Desde niños, poseen una capacidad de aprendizaje muy superior y una forma de aprender radicalmente distinta que los niños de su edad. También tienen curiosidad para conocer en profundidad todo aquello que les motiva.
En algunos casos también pueden presentar dificultades de atención o hiperactividad, TEA, dislexia, etc.
Y aunque hay muchos destacan en el ámbito escolar, ésta no siempre es la mejor manera de identificarlos. De hecho, uno de los perfiles más habituales entre estos alumnos es el del niño distraído en sus pensamientos, que tiende a cuestionar la autoridad cuando las órdenes no son razonadas.
Y a pesar de que tienen una capacidad de aprendizaje superior al del resto de niños, en muchas ocasiones necesitan ayuda para aprender, ya que el sistema educativo actual no se ajusta a sus necesidades. De hecho, la legislación española los considera alumnos con Necesidad Específica de Apoyo Educativo.
Aspectos en común
Las personas que tienen TEA, TDAH y AACC tienen varias cosas en común:
Curiosidad intensa
Sensibilidad emocional
Creatividad
Formas de aprendizaje únicas
Intereses pasionales
Diferencias sensoriales
Pensamiento creativo o divergente
Dificultad en funciones ejecutivas
Para tratar estas tres excepcionalidades contamos con Miguel Ángel, al que desde aquí volvemos a dar la bienvenida.
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Ni héroes ni villanos
Cuando alguien acude a terapia tras un intento de suicidio, los psicólogos no podemos considerarnos héroes, si conseguimos evitarlo, ni tampoco villanos, si no lo conseguimos. Trataremos de aplazar, escuchar, permitir que se desahoguen con nosotros y recabaremos toda la información que podamos ante ese hecho.
Pondremos a disposición de nuestros pacientes todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para evitarlo. Pero no seremos responsables de lo que esa persona, finalmente, decida hacer, ni para bien, ni para mal.
Ya hemos contado en varias ocasiones que tenemos una amplia formación en prevención de suicidio. Y no dejamos de profundizar nuestros conocimientos para ponernos al servicio de nuestros pacientes.
Y una vez lo hacemos, uno de nuestros lemas ante quienes pasan por consulta es “no queremos honores, ni tampoco responsabilidades». La terapia es un acto voluntario, nadie está obligado a venir. Y los psicólogos nunca podemos, ni debemos, insistir a nadie para que alguien venga.
Quien decide venir, por su bien, debería comprometerse a seguir las pautas que le proporcionamos o a usar las herramientas que le facilitamos para mejorar su salud metal. Sin embargo, el hecho de que lo haga, o no lo haga, no es nuestra responsabilidad.
La única persona responsable de que funcione la terapia es la que acude a consulta. Es ella quien tiene en sus manos la capacidad de cambiar su vida en base al conocimiento que ponemos a su servicio.
Para entenderlo mejor me gusta poner un ejemplo sencillo. Cuando una persona acude a un nutricionista para perder peso, el nutricionista da unas pautas para lograrlo. Pero es responsabilidad de la persona seguirlas, y conseguir su objetivo, o hacer todo lo contrario y no conseguirlo. El nutricionista puede ser el mejor, pero si la persona que quiere perder peso no aplica sus consejos, por muy bueno que sea el nutricionista, el paciente no logrará su propósito.
En terapia ocurre lo mismo. Es por eso que nunca aceptamos honores y tampoco responsabilidades ante el resultado final. El responsable de ese resultado siempre será el paciente que, en base a las herramientas que le proporcionamos podrá decidir si ponerlas en práctica, o no hacerlo.
Los psicólogos, de lo único que somos responsables es de poner a su servicio todo nuestro conocimiento.
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¿Cómo mantener a raya la ansiedad?
La ansiedad no es en sí misma una enfermedad, podríamos decir que es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Un sentimiento de miedo, temor o inquietud que puede generar tensión en el cuerpo e incluso palpitaciones.
En otras palabras, es una emoción desagradable que forma parte de la vida, por lo que hay que aprender a vivir con ella. Algunas veces estará más presente y otras será más suave, pero va a estar siempre.
Y por ello debemos saber cómo hacerla frente cada vez que tengamos ese sentimiento.
Para ello, vamos a hablar de una técnica sencilla que te ayudará a “volver a tierra” y que puedes practicar fácilmente en cualquier lugar.
Se trata de la Técnica Mindfulness 5-4-3-2-1. Su objetivo es acabar con pensamientos negativos y catastrofistas ayudando a nuestra mente a volver al tiempo presente y reconectar, poniendo en marcha los cinco sentidos.
Para ello tienes que identificar:
- 5 cosas que veas a tu alrededor: el objetivo es que te concentres en los detalles visuales de cada objeto, su forma, su color y textura. Esta actividad te ayudará a estar presente.
- 4 objetos que puedas tocar: por ejemplo, la ropa que llevas puesta, el lugar donde estás sentado… en este caso, tu mente se enfocará en las sensaciones físicas, notando la suavidad, rugosidad o temperatura de los objetos que tocas.
- 3 elementos que puedas oír a tu alrededor, si tienen un volumen alto, bajo, la dirección de la que proceden. Este paso te ayuda a alejarte de tus pensamientos y centrarte en el mundo a tu alrededor.
- 2 aromas que puedas oler: la capacidad de identificar dos olores puede tranquilizarte y hacerte sentir más conectado con el espacio en el que te encuentras.
- 1 cosa que puedas saborear: te obligará a estar completamente en el momento.
Esta técnica está diseñada para reducir la adrenalina y calmar el sistema nervioso devolviéndote al aquí y ahora. Al desviar la atención de los pensamientos negativos y concentrarse en los sentidos, tu cerebro comienza a calmarse.
Y si la ansiedad te impide dormir, esta técnica también puede ser de gran ayuda. Al practicarla antes de dormir, puedes liberar tu mente de preocupaciones y preparar tu cuerpo para descansar de manera más profunda.
Y no te olvides de que si tu ansiedad va a más, lo fundamental es consultar a un especialista de salud mental.
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La línea de vida
¿Has oído hablar de la línea de vida?
Es una técnica que utilizamos en psicología para ayudar a nuestros pacientes a conocerse mejor.
Se trata de una recapitulación de acontecimientos, vivencias experiencias que te ayudarán a entender tu propia historia.
Es importante destacar que la línea de vida no sirve para juzgar o arrepentirnos de nuestras decisiones. Sirve para comprender por qué tomamos un camino concreto en un momento dado y qué rumbo queremos seguir de ahora en adelante.
¿Cómo realizarla?
La línea de vida (dibujarla te ayudará a visualizar mejor) es una representación de tu historia, desde que naciste hasta la actualidad. En ella has de situar, cronológicamente, momentos importantes por los que has pasado, cambios relevantes, experiencias, historias que te hayan marcado. E incluso puedes incluir proyecciones de futuro.
Coge papel y boli y dibuja una línea recta. El inicio de esa línea será el momento de tu nacimiento.
Marca también el momento actual.
A partir de ahí echa la vista atrás y ordena, cronológicamente, momentos importantes en tu vida (nacimientos, bodas, fallecimientos…).
Marca también momentos que han significado un cambio en tu vida (final de tus estudios, inicio de tu vida profesional, un viaje…).
Has de señalar también momentos que han significado un punto de inflexión en tu vida, tanto para bien como para mal.
Y a partir del punto que has marcado como el actual, intenta hacer una proyección de futuro, de cómo crees que será tu vida a partir de ahora.
Análisis
Una vez hayas descrito todo lo anterior deberás tomarte tu tiempo para analizar y reflexionar esos momentos que has marcado como importantes, lo que significaron para ti y cómo los afrontaste.
También servirán para analizar y gestionar las diferentes emociones asociadas a cada momento, y también las que no hemos gestionado de manera consciente.
Con esta técnica, podremos entender varias cosas:
La visión que tenemos de la vida.
Nuestras prioridades.
Qué recuerdos conservamos de la infancia y cómo han podido influir en el presente.
Cuántos cambios hemos realizado a lo largo del tiempo y cuáles han sido sus características.
Cómo vivimos en la actualidad y cómo nos planteamos el futuro.
Y tal y como hemos destacado anteriormente, esta técnica no sirve para juzgar lo que hemos hecho a lo largo de nuestra vida. Sirve para conocer o comprender las razones por las que hemos ido en una dirección y qué rumbo queremos seguir de ahora en adelante.
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Los beneficios psicológicos de viajar solo
Es algo que todo el mundo debería experimentar alguna vez en la vida.
Hablamos de viajar solo.
Antes de continuar, queremos romper el mito de que se viaja solo por no tener amigos o no tener con quien ir. Esto es falso, ya que mucha gente decide viajar sola como una experiencia más.
Y cada vez son más las personas que se animan a ello. La mayoría coinciden en lo mismo: es una experiencia maravillosa. Hay quienes incluso lo califican de experiencia transformadora.
Llevada al campo de la psicología, los psicólogos hemos comprobado que viajar sin compañía tiene múltiples beneficios para la salud mental.
Las primeras veces que se opta por este tipo de turismo pueden surgir ciertos miedos e inseguridades, pero una vez te lanzas, consigues aumentar la confianza y la seguridad en ti mismo.
Emprender este tipo de viaje también te permite ser más consciente de tus propias fortalezas, a la vez que supone una oportunidad para crecer como persona y sentirse realizado.
Otro punto positivo es que, al no tener compañía, no surgen conflictos, ya que no hay que estar pendiente de las preferencias y opiniones de nadie. El ritmo, los horarios y los lugares que visitar los escoges tú.
También es una magnífica ocasión para conocer e interactuar con otras personas. Y al mismo tiempo desconectar de forma inmediata de la rutina. Al no estar pendiente de los otros, del trabajo ni de los quehaceres diarios, la ruptura con tu día a día es total.
Viajar solo te ayuda a abrir la mente, aumenta tu capacidad de aprendizaje y te ayuda a ver el mundo con otra perspectiva.
Te invita a la reflexión, a encontrarte contigo mismo. Te muestra dónde están tus límites y cómo superarlos. Te proporciona mayor control sobre tu vida.
Además, te permite ser más autosuficiente, comprobar que eres capaz de sobrevivir sin la ayuda emocional y física de los demás.
Y a través de esta experiencia es muy probable que te vuelvan más independiente y esto es siempre positivo.
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¿Nada te hace feliz? Sabemos lo que te pasa y tiene solución
¿Sientes que nada te hace feliz o que no disfrutas con nada?
Si es así quizás te interese saber que eso tiene nombre: anhedonia.
La RAE lo define como: Incapacidad para sentir placer.
Yo añadiría también que es la dificultad que tiene una persona para sentirse bien con las cosas que le gustan o le emocionan.
No está considerado en sí mismo como un trastorno, sino que es un síntoma que se presenta en algunos trastornos emocionales y psiquiátricos, como puede ser: la depresión, la demencia, la anorexia, la esquizofrenia o las adicciones.
También puede deberse a un efecto secundario de algunos medicamentos.
Las personas con anhedonia pierden el interés por las actividades que solían hacerles felices, se aíslan socialmente.
Causas
Desde el punto de vista fisiológico, una de las principales causas de la aparición de la anhedonia se debe a una alteración cerebral que impide la producción y liberación de dopamina.
La dopamina es una sustancia química que se encuentra en el cerebro y que tiene como acción principal generar sensaciones de placer.
En situaciones depresivas o de un gran estrés o ansiedad, el cerebro se bloquea y es incapaz de generar esta sustancia.
Así, no podríamos decir que existe una sola causa, sino que existen multitud de factores que lo puedan desembocar. Aunque bien es cierto que la depresión, la esquizofrenia y las drogas son las principales causantes de la anhedonia, sobre todo cuando esta es generalizada y afecta a todas las actividades de nuestra vida.
Síntomas
Para identificar esta afección es necesario conocer sus síntomas. Algunos de ellos son:
- Desmotivación o pérdida de interés por las actividades del día a día, así como por cosas que antes sí interesaban o emocionaban a la persona.
- Cansancio y falta de energía.
- Baja autoestima por no ser capaz de actuar como antes lo hacía.
- Dificultad para pensar, concentrarse y decidir.
- Aislamiento social.
- Cambios en la conducta alimentaria.
- Pérdida de la libido o la falta de interés en la intimidad física.
- Alteraciones del sueño.
Tratamiento
Para aquellos que crean que pueden sufrir anhedonia lo más recomendable es ponerse en manos de un profesional de la psicología que realice una evaluación psicodiagnóstica y así poder conocer las causas de su origen.
Ese origen puede deberse a un tipo de trastorno de base o a causas exógenas, como puede ser un problema laboral, familiar, sentimental, etc., y en función del mismo, el profesional tratamiento abordará el tratamiento más adecuado.
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