
¿Por qué el sueño es importante para nuestra salud mental?
El sueño es fundamental para la salud mental porque durante las horas de descanso el cerebro realiza procesos de recuperación, organización y regulación emocional. Dormir no es solo “descansar el cuerpo” sino permitir que la mente se repare y funcione correctamente para el día siguiente. Hay evidencia científica que demuestra la comorbilidad entre la alteración de los ritmos circadianos o el sueño con el riesgo de patologías (síndrome metabólico, alteraciones cardiovasculares, trastornos del estado de ánimo…).
Dormir bien es, en muchos sentidos, el primer paso para cuidar nuestra salud mental. Por ello, prestar atención a cómo duermen nuestros pacientes es básico para casi cualquier intervención psicológica, por no decir todas.
- La restauración del cerebro sería como la limpieza de las neuronas para optimizar sus funciones posteriormente.
- Durante el sueño se consolida la memoria y el aprendizaje, sobre todo en las fases de sueño profundo (NREM) y REM, fijando en la memoria nuestros recuerdos recientes, integrar la nueva información adquirida con conocimientos durante el día o fomentar la creatividad y la resolución de problemas. Por tanto, podemos afirmar que dormir mal afecta directamente a la concentración, la memoria y el rendimiento cognitivo.
- El sueño tiene funciones de regulación emocional ya que, durante el sueño REM, el cerebro procesa las emociones experimentadas durante el día. Es por esto, que cuando no dormimos bien estamos más irritados o ansiosos, o tenemos menos capacidad de manejar el estrés al que debemos afrontar cada día. Además, regulamos las hormonas relacionadas con el estado de ánimo y el apetito durante el sueño, como el cortisol, serotonina o la leptina, lo que implica que cuando dormimos poco, estos sistemas se nos desajustan generándonos más estrés. De hecho, la falta crónica de sueño está relacionada con depresión y ansiedad.
- El cuerpo también sale bastante dañado cuando no descansamos adecuadamente. Lo demuestra con signos de fatiga, agotamiento y falta de motivación, aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y metabólicas y nos reduce la respuesta inmunológica.
Efectos psicológicos de no dormir suficiente
No dormir lo suficiente o dormir mal de manera habitual tiene consecuencias y muchas personas no son conscientes del impacto psicológico que tiene dormir poco y/o mal.
La falta de sueño crónica o un sueño de mala calidad puede afectar a casi todas las funciones psicológicas: nosdesequilibra el sistema emocional, cognitivo y social, afectando la forma en que pensamos, sentimos y nos relacionamos.
- Dormir poco afecta directamente a la parte del cerebro encargada del pensamiento racional y la planificación. Genera dificultad para concentrarse, pérdida de memoria a corto plazo con un pensamiento más lento y menos creativo, o con decisiones impulsivas.
- El cansancio mental también nos reduciría la empatía y la capacidad de comunicación provocándonos problemas en las relaciones con nuestros iguales.
- Dormir mal altera la regulación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que influyen en el bienestar y la motivación, haciéndonos sentir más irritables, menos tolerantes al estrés, cambios de humor, etc. Esto, mantenido en el tiempo implica un alto riesgo de aparición de trastornos del ánimo. Por ejemplo, trastorno de ansiedad, ya que al dormir poco, la amígdala se sobreactiva, y la corteza prefrontal (encargada de moderar esta respuesta), está debilitada. Ello nos llevará a experimentar más pensamientos catastróficos o rumiación, exageramos los problemas, aumentan los pensamientos autocríticos…
- Dormir poco nos provoca desmotivación, falta de energía o pérdida de interés por lo placentero al reducirse la actividad del sistema dopaminérgico.

¿Cómo tratar los problemas del sueño?
El tratamiento de los problemas del sueño no está limitado a “dar consejos para dormir mejor”, sino que aplicaremos intervenciones estructuradas y basadas en evidencia científica. La terapia psicológica para esta problemática enseña al cerebro a dormir de nuevo. No intentamos que se duerman más horas, sino romper el círculo de ansiedad, malos hábitos y pensamientos negativos que mantienen el problema.
Empezaremos haciendo una serie de preguntas básicas que nos darán una gran fuente de información de dónde ha podido empezar o mantenerse este problema:
- Cuándo (localización del sueño en el periodo de 24 horas),
- Cómo (factores intrínsecos que afecten como la edad, patrones de sueño, estado fisiológico, necesidad de dormir,
- Dónde (factores extrínsecos que afecten como la temperatura, luz o ruido)
- Qué hace para dormir (conductas que pueden facilitar el sueño y las que puedan inhibirlo. Aquí se hace hincapié en la importancia del “insomnio tecnológico”, ya que la luz de los móviles y ordenadores confunde al cerebro y le hace creer que es más temprano. Esa luminiscencia aumenta la vigilia, reduce la melatonina (hormona reguladora de sueño) se prolonga el dormir y retrasa sueño REM).
Como tratamiento de primera elección utilizaríamos la TCC (terapia cognitivo-conductual) buscando el control de estímulos del paciente, reestructuración cognitiva, técnicas de relajación y manejo del estrés. También buscaremos reestablecer buenas rutinas, centradas en cambiar pensamientos, emociones y hábitos que interfieren con el sueño.
Por sí sola, esta terapia es la más efectiva, pero dependiendo del caso añadiríamos otras alternativas como las Terapias de tercera generación (Mindfulness-Based Therapy for Insomnia (MBTI) o la Terapia de aceptación y compromiso (ACT)).
¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional por dificultades para dormir?
Dormir mal de vez en cuando es normal, pero cuando es persistente o afecta la vida diaria es importante buscar ayuda cuanto antes. A tener en cuenta es:
- el tiempo que llevas con el problema, si dura más de 3-4 semanas, ya no es transitorio.
- si te afecta a tu día a día con fatiga o somnolencia, irritabilidad, bajo rendimiento o dificultad de concentración.
- si esa situación nos genera ansiedad al irnos a la cama o sólo el hecho de pensar que haya que dormirse.
- cuando el mal sueño creemos que pueda estar acompañado de otros problemas psicológicos, ya sea como causa o consecuencia de este.
- cuando no puedes conciliar el sueño si no es con ayuda farmacológica.
- cuando puedas llegar a sospechar de un trastorno del sueño fisiológico o médico, como pudiesen ser apneas o narcolepsia.
Si esto persiste en el tiempo, es el momento de buscar ayuda.
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¿Por qué es importante que haya un Día Mundial de la Prevención del Suicidio?
Cada 10 de septiembre se conmemora el día Mundial de la Prevención del Suicidio.
Lejos de ser una fecha aislada en el calendario, este día busca recordarnos que es necesario hablar de salud mental, y que pedir ayuda nunca es un signo de debilidad, sino de valentía.
Cada 10 de septiembre sirve para visibilizar la importancia de que, igual que cuidamos nuestra salud física, debemos cuidar también nuestra salud mental, romper el silencio y acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
Cada año, miles de personas en el mundo pierden la vida por un suicidio. Y detrás de cada una de ellas hay una historia, una familia, unos amigos y un entorno que queda profundamente afectado y dolido.
Es por eso que este día nos invita a reflexionar sobre la necesidad de romper el silencio de un tema que suele ser tabú, a olvidarnos de los estigmas y a abrir conversaciones sinceras sobre lo que significa atravesar momentos de dolor emocional.
Hablar salva vidas
Cuando alguien se siente escuchado sin juicios, encuentra una mano tendida o un espacio seguro para compartir lo que siente, aumenta la posibilidad de seguir adelante. La prevención comienza en preguntar cómo está de verdad un amigo, acompañar sin presionar y mostrar interés.
Cuidar la salud mental implica reconocer nuestras emociones, normalizar la búsqueda de ayuda profesional y entender que no estamos solos. También significa educar y sensibilizar para que, como sociedad, dejemos de ver el suicidio como un tema tabú y empecemos a abordarlo con empatía.
Si tú, o alguien cercano, atraviesa un momento difícil, piensa que no estás solo/a. Acudir a un profesional de la salud mental, buscar apoyo o hablar con alguien de confianza puede ayudarte.
En Psicología Mavi podemos ayudarte
La prevención del suicidio es un tema que en Psicología Mavi estamos especializados. Concretamente, Ángela Rodríguez, responsable de este proyecto, posee una amplia formación y experiencia.
Según sus propias palabras “es un tema que me apasiona, porque estoy convencida de la importancia que desempeña el papel de la prevención”.
Considera necesario dar a conocer el protocolo de actuación en estos casos, y también hacer entender a las personas que sí deben tomarse en serio los pequeños avisos que les puedan dar sus allegados, porque, de la ideación suicida al suicidio ejecutado, solo pasa un segundo.
Y este convencimiento es tan fuerte por los resultados obtenidos en el estudio que llevó a cabo durante la pandemia, en el año 2020.
Su formación y experiencia adquirida es la que pone en práctica actualmente en consulta para ayudar a todas aquellas personas que lo necesitan.
Así que, si eres una de ellas, no dudes en contactar con nosotros. Sabemos cómo ayudarte.
También te recordamos que El Ministerio de Sanidad promueve la Línea 024 de atención a la conducta suicida.
Se trata de una línea telefónica de ayuda a las personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, y a sus familiares y allegados, básicamente a través de la contención emocional por medio de la escucha activa por los profesionales del 024, la recomendación de que contacten con los servicios sanitarios del SNS o la derivación al 112 en los casos en los que se aprecie una situación de emergencia. En caso de emergencia vital inminente puede llamar directamente al teléfono de emergencias 112.
Talleres de prevención del suicidio
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Síndrome post-examen: qué es y cómo afrontarlo
Hace unos días los estudiantes de Bachillerato se sometieron a la Prueba de Acceso a la Universidad (antigua selectividad). Esto les ha tenido durante todo un curso bajo la presión de alcanzar la nota que marcará el futuro de sus estudios.
Y aunque no ocurre en todos los casos, es posible que tras realizar el examen, tanto ellos, como otros estudiantes sometidos a ese estrés, sientan una sensación de vacío, tristeza y falta de motivación. Es lo que se conoce como el síndrome post-examen.
¿En qué consiste el síndrome post-examen?
Tras estar durante un tiempo sometido a la presión de uno o varios exámenes importantes, el cuerpo responde al estrés de estas pruebas con una liberación de hormonas, como la adrenalina.
Una vez que se elimina esa presión del examen, el cuerpo puede experimentar fatiga y un cambio en la rutina. Esto puede generar sensación de:
- Vacío emocional: es ese sentimiento de falta de propósito o motivación.
- Tristeza o apatía: es cuando uno se siente desanimado o sin ganas de hacer cosas.
- Falta de energía: sentir cansancio y no tener ganas de realizar actividades.
¿Cómo afrontarlo?
1 En primer lugar, es importante aceptar que es normal sentirse así después de un periodo de exámenes.
2 En segundo lugar, los estudiantes deben volver a esas actividades con las que disfrutaban antes de los exámenes.
3 También se debe de dar un descanso al cuerpo y la mente para que se recuperen del estrés al que se han sometido.
4 Por otro lado, igual de importante es buscar nuevas actividades o intereses para reorientar la energía y la motivación.
Y en caso de que los síntomas persistan o empeoren, sería necesario buscar ayuda profesional de un psicólogo.
El síndrome post-examen es una experiencia común que requiere de un manejo adecuado para evitar que se convierta en un problema más grave. Identificar los síntomas, reconocer los sentimientos, buscar apoyo y reincorporarse gradualmente a actividades que brinden placer y motivación son clave para superar esta etapa.
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¿Qué son las Neurodivergencias?
Si nos sigues en redes sociales ya sabrás (y si no, te lo contamos ahora) que en Psicología Mavi tenemos una nueva colaboración.
Se trata de Miguel Ángel Rivera, psicólogo especializado en Neurodivergencias en adultos y adolescentes a partir de 16 años. Esto es, especialista en Trastorno del Espectro Autista, Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, Altas Capacidades Intelectuales.
Miguel Ángel colabora con nosotros en la realización de evaluaciones neuropsicológicas para casos en los que se requiere un diagnóstico especializado. Su enfoque se basa en la evidencia científica y combina la neuropsicología con una comprensión integral de cada paciente.
Pero hoy queremos centrarnos en qué son las Neurodivergencias para entender mejor en qué consisten y lo que tienen en común las personas que las padecen.
Trastorno del Espectro Autista (TEA)
Se trata de una afección relacionada con el desarrollo del cerebro que afecta la manera en la que una persona percibe y socializa con otras personas, lo que causa problemas en la interacción social y la comunicación. También comprende patrones de conducta restringidos y repetitivos.
A día de hoy no se conoce su origen del autismo, pero se sabe que es genético.
Y según explica la Confederación Autismo España, tener autismo implica una forma diferente de procesar la información y de comprender el mundo que nos rodea, lo que se traduce en una serie de capacidades en las personas con esta condición, tales como: meticulosidad y atención por los detalles, sinceridad y honestidad, conocimiento exhaustivo sobre temas muy específicos de su interés o buenas competencias en tareas rutinarias, mecánicas y repetitivas.
Su tratamiento requiere un enfoque multidisciplinar.
Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH)
Se trata de un trastorno del neurodesarrollo, crónico, de mayor prevalencia en la niñez, y se mantiene en la edad adulta en un 50% de las personas.
Se caracteriza por problemas persistentes de atención, hiperactividad e impulsividad.
Las personas que lo padecen suelen tener problemas para concentrarse en tareas, seguir instrucciones y organizar actividades.
Su hiperactividad se manifiesta con una inquietud constante y una necesidad de moverse en todo momento.
Y la impulsividad con acciones rápidas sin pensar en las consecuencias.
Su tratamiento requiere una combinación de medicación y terapia conductual.
Altas Capacidades Intelectuales (AACC)
Las personas con Altas Capacidades Intelectuales tienen una inteligencia muy superior a la media y una forma de aprender y de sentir diferente. Desde niños, poseen una capacidad de aprendizaje muy superior y una forma de aprender radicalmente distinta que los niños de su edad. También tienen curiosidad para conocer en profundidad todo aquello que les motiva.
En algunos casos también pueden presentar dificultades de atención o hiperactividad, TEA, dislexia, etc.
Y aunque hay muchos destacan en el ámbito escolar, ésta no siempre es la mejor manera de identificarlos. De hecho, uno de los perfiles más habituales entre estos alumnos es el del niño distraído en sus pensamientos, que tiende a cuestionar la autoridad cuando las órdenes no son razonadas.
Y a pesar de que tienen una capacidad de aprendizaje superior al del resto de niños, en muchas ocasiones necesitan ayuda para aprender, ya que el sistema educativo actual no se ajusta a sus necesidades. De hecho, la legislación española los considera alumnos con Necesidad Específica de Apoyo Educativo.
Aspectos en común
Las personas que tienen TEA, TDAH y AACC tienen varias cosas en común:
Curiosidad intensa
Sensibilidad emocional
Creatividad
Formas de aprendizaje únicas
Intereses pasionales
Diferencias sensoriales
Pensamiento creativo o divergente
Dificultad en funciones ejecutivas
Para tratar estas tres excepcionalidades contamos con Miguel Ángel, al que desde aquí volvemos a dar la bienvenida.
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Ni héroes ni villanos
Cuando alguien acude a terapia tras un intento de suicidio, los psicólogos no podemos considerarnos héroes, si conseguimos evitarlo, ni tampoco villanos, si no lo conseguimos. Trataremos de aplazar, escuchar, permitir que se desahoguen con nosotros y recabaremos toda la información que podamos ante ese hecho.
Pondremos a disposición de nuestros pacientes todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para evitarlo. Pero no seremos responsables de lo que esa persona, finalmente, decida hacer, ni para bien, ni para mal.
Ya hemos contado en varias ocasiones que tenemos una amplia formación en prevención de suicidio. Y no dejamos de profundizar nuestros conocimientos para ponernos al servicio de nuestros pacientes.
Y una vez lo hacemos, uno de nuestros lemas ante quienes pasan por consulta es “no queremos honores, ni tampoco responsabilidades». La terapia es un acto voluntario, nadie está obligado a venir. Y los psicólogos nunca podemos, ni debemos, insistir a nadie para que alguien venga.
Quien decide venir, por su bien, debería comprometerse a seguir las pautas que le proporcionamos o a usar las herramientas que le facilitamos para mejorar su salud metal. Sin embargo, el hecho de que lo haga, o no lo haga, no es nuestra responsabilidad.
La única persona responsable de que funcione la terapia es la que acude a consulta. Es ella quien tiene en sus manos la capacidad de cambiar su vida en base al conocimiento que ponemos a su servicio.
Para entenderlo mejor me gusta poner un ejemplo sencillo. Cuando una persona acude a un nutricionista para perder peso, el nutricionista da unas pautas para lograrlo. Pero es responsabilidad de la persona seguirlas, y conseguir su objetivo, o hacer todo lo contrario y no conseguirlo. El nutricionista puede ser el mejor, pero si la persona que quiere perder peso no aplica sus consejos, por muy bueno que sea el nutricionista, el paciente no logrará su propósito.
En terapia ocurre lo mismo. Es por eso que nunca aceptamos honores y tampoco responsabilidades ante el resultado final. El responsable de ese resultado siempre será el paciente que, en base a las herramientas que le proporcionamos podrá decidir si ponerlas en práctica, o no hacerlo.
Los psicólogos, de lo único que somos responsables es de poner a su servicio todo nuestro conocimiento.
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¿Qué son las ganancias secundarias en psicología?
¿Has oído hablar de ganancias secundarias en psicología?
Es uno de los motivos por el que muchos procesos terapéuticos no avanzan o incluso provocan que los pacientes abandonen la terapia.
Las ganancias secundarias son actitudes de las personas que resultan dañinas, desagradables o perjudiciales para ellas mismas. Sin embargo, se aferran a ellas porque les generan un “beneficio”.
Dicho beneficio puede ser de protección, atención, apoyo, comodidad… y debido a lo que eso genera, la persona que lo “sufre” no quiere dejar atrás el problema y evita así mejorar.
Los psicólogos lo vemos en consulta de forma habitual y en ocasiones, cuando lo hablamos con nuestros pacientes, resulta un tema delicado. Y es que, cuando preguntamos qué cosas positivas les aporta el trastorno que les ha traído a terapia, la respuesta habitual es que no hay nada positivo en ello.
De hecho, no son conscientes, en la mayoría de los casos, de que se están aferrando a un problema por lo “positivo” que sacan de él.
Sin embargo, ahondando en el tema, vemos que detrás de muchos de esos problemas psicológicos, están esas ganancias secundarias. Éstas generan una resistencia al cambio y hacen que el problema no se solucione y se prolongue en el tiempo.
Ventajas de las ganancias secundarias
Algunas de las ventajas que extraen los pacientes de las ganancias secundarias pueden ser:
Atención, protección o cuidados de personas importantes para el paciente, al que le puede ocasionar miedo que, una vez superado su problema psicológico, dejen de prestarle la atención que necesita.
Evitar responsabilidades. Ocurre cuando el problema que tiene un paciente le permite eludir una responsabilidad.
Alimentar el rol victimista. Se da en personas que no son capaces de expresar directamente sus necesidades o de pedir algo que desean. A través de sus problemas psicológicos obtienen atención, compasión o la ayuda que necesitan y no se atreven a requerir.
Evitar la culpabilidad o las críticas por pedir favores a los demás, respaldándose en el malestar que están experimentando.
Dejar de tener la necesidad de atender a los demás. Ocurre en personas que desempeñan el papel de “cuidador”, que siempre están pendiente de los demás. En este caso, al tener un problema psicológico se dan el permiso de mirar por ellos mismos.
Autocastigarse: se da en pacientes que han alimentado la culpabilidad y tienen el sentimiento de no merecer que les pase cosas buenas como estar bien, ser feliz, tener salud…
Castigar a otra persona: ocurre en relaciones complicadas donde una persona puede llegar a sentir que “el hecho de que ahora tengas que cuidarme es algo que me debes”.
Con todos estos ejemplos podemos ver que las ganancias secundarias complican la solución de los problemas psicológicos. Por ello, se hace necesario, en la mayoría de los casos, la ayuda de un profesional que ayude al enfermo a detectar lo que inconscientemente le impide evolucionar y solucionar dichos problemas.
Si crees que podrías encontrarte en una situación así o sabes de alguien que pueda estar atravesando por ello, no dudes en solicitarnos ayuda. Estaremos encantados de poder ayudarte.
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Adicciones y salud mental
Ansiedad, depresión e incluso esquizofrenia. Éstos son algunos de los trastornos que sufren las personas adictas a sustancias como el alcohol, las drogas, o a comportamientos como el juego.
La adicción es una enfermedad crónica y compleja que afecta al funcionamiento de nuestro cerebro y al comportamiento de una persona. Se caracteriza por la búsqueda compulsiva y el consumo de una sustancia o la realización de una actividad, a pesar de las consecuencias negativas que pueda acarrear.
Además, la persona que sufre o padece este tipo de adicciones no es el único perjudicado. Sus conductas suelen afectar también, y mucho, a su entorno familiar y social. Y son éstos, su entorno, quienes en muchas ocasiones tienen que animar a la persona que lo padece a acudir a consulta con un psicólogo para su tratamiento.
¿Cómo afectan psicológicamente las adicciones?
Las adicciones a sustancias como el alcohol y las drogas alteran la química cerebral y afectan negativamente el equilibrio emocional. En este caso, puede desencadenar en depresión o en ansiedad. Y para su recuperación, además de abstinencia, es necesario aprender a gestionar las emociones con la ayuda de un profesional.
Otra de las adicciones que está aumentando es la adicción a la tecnología, a videojuegos, al móvil. En este caso, quien lo sufre puede padecer ansiedad social, nerviosismo o dificultad para concentrarse.
El proceso de desintoxicación puede ser un desafío. Sin embargo, es un paso necesario en el camino hacia la recuperación. En este proceso no se trata solo de desintoxicar el cuerpo, sino también la mente.
El apoyo en la salud mental durante la desintoxicación es fundamental para garantizar la recuperación. Este apoyo puede incluir terapia cognitivo-conductual, recibir apoyo psicológico e incluso la participación activa en grupos de apoyo también ayuda en la recuperación.
La terapia individual ayuda a la persona a identificar y abordar los factores emocionales y psicológicos que contribuyeron a la adicción, así como a desarrollar habilidades de afrontamiento saludables.
Por su parte, la terapia grupal proporciona un espacio de apoyo y comprensión mutua, donde los individuos pueden compartir sus experiencias y aprender unos de otros.
La prevención, fundamental
Antes de finalizar este artículo diré que si hay algo fundamental en la gestión de las adiciones es la PREVENCIÓN.
Educar desde edades tempranas sobre los riesgos y las consecuencias que tienen los comportamientos adictivos es clave para reducir la incidencia de estos problemas en la sociedad.
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Signos de alerta ante posibles trastornos mentales
La ansiedad y la depresión son dos de los problemas de salud mental más comunes.
Y a pesar de que su impacto puede llegar a ser muy negativo, no es fácil percibirlo en una persona que lo sufre, e incluso quien lo está padeciendo no termina de ser consciente hasta que el problema se agrava.
Por ello, quiero abordar las señales a las que hay que prestar atención para detectar este tipo de problemas en la salud de nuestros familiares o amigos.
Indicios de ansiedad
Cada persona convive con la ansiedad de una manera distinta y aunque algunas consiguen “dominarla” inicialmente, debemos saber reconocer los síntomas físicos y psíquicos que se manifiestan para poder poner solución antes de que se agrave
Algunos de los síntomas más comunes son:
- Molestias estomacales.
- Sensación de ahogo.
- Opresión y dolor en pecho y espalda.
- Taquicardias.
- Boca seca y pastosa.
- Sudoración.
- Tensión muscular.
- Hormigueo en el cuerpo y cara.
- Mareos.
- Preocupación excesiva.
- Pensamiento irracional.
- Estar en permanente anticipación.
- Tener pensamientos catastróficos.
- Alteraciones en el sueño o la alimentación.
- Falta de control en las reacciones o evitar las relaciones sociales.
Indicios de depresión
La depresión puede afectar a cualquier persona y en cualquier momento, pero se manifiesta de diferentes formas en función de la edad. Los síntomas más habituales que suelen experimentar las personas la padecen están relacionados con alteraciones de su estado de ánimo, de la motivación, psicofisiológicas y de sus funciones cognitivas.
Entre ellos encontramos:
- Tristeza y fácil irritabilidad.
- Bajo estado de ánimo.
- Pérdida de interés por las aficiones.
- Dificultad para concentrarse o tomar decisiones.
- Aplazamiento de las obligaciones.
- Insomnio o somnolencia con frecuencia.
- Sensación de culpabilidad.
- Cansancio.
- Cambios psicomotores, como sobreexcitación o enlentecimiento, que indica un empeoramiento de la depresión.
- Pensamientos de muerte o de suicidio. (lee más sobre prevención del suicidio)
Estos son solo un par de ejemplos de trastornos mentales de los muchos que existen, y algunos de los síntomas que puede detectar tanto la persona que lo padezca como quien esté a su alrededor. De este modo, podrá dar la voz de alarma para que un especialista pueda ayudar acabar con el problema.
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Somos Mediadores en Gestión de Conflictos Familiares
En Psicología Mavi apostamos por evolucionar en nuestra formación para no quedarnos estancados en la ayuda que podamos prestar. Por eso, damos un paso más y ya podemos ejercer como Mediadores en Gestión de Conflictos, gracias a los estudios habilitantes necesarios y obligatorios que hemos realizado.
Esto nos permite registrarnos como mediadores tanto a nivel del Ministerio de Justicia, como de las Comunidades Autónomas y poder desempeñar este nuevo trabajo, progresando en nuestra carrera profesional, con el fin de seguir ayudando a quienes nos necesitan.
Y como mediaciones hay muchas, hemos decidido centrarnos en la Mediación en la Gestión de Conflictos Familiares. Eso implica ayudar a resolver problemas relacionados con separaciones o divorcios, el uso de la vivienda, el reparto de bienes y deudas, herencias, custodia o manutención de hijos.

¿Qué es un Mediador y cuál es su trabajo?
Un Mediador es un profesional que facilita el diálogo entre las personas. En nuestro caso, desde Psicología Mavi trabajaremos con familias y/o parejas, que tienen un conflicto.
Nuestra figura será neutra e imparcial y nos encargaremos de ayudar a resolver ese conflicto de la mejor manera posible para las partes implicadas.
Es importante saber que el Mediador no juzga, no busca culpables e inocentes y tampoco puede decidir quién lleva razón o no.
Para ello, explicaremos y ayudaremos a comprender el origen de las diferencias familiares que han surgido y profundizaremos en las causas de lo ocurrido. En este caso, es necesario confrontar sus visiones y vivencias y así poder encontrar soluciones viables, sin tener que llegar a la instancia judicial.
Nuestro objetivo como Mediadores será conseguir acuerdos duraderos, igualitarios y sin problemas para el futuro de las personas, especialmente menores, implicados en el conflicto.

¿Qué funciones de tiene un Mediador?
El Mediador nunca llega a tomar una decisión para resolver el conflicto familiar. Deberán ser las partes implicadas las que, con su ayuda, resuelvan sus problemas.
Sin embargo, el Mediador jugará un papel fundamental gracias a las funciones que desempeña y que son las siguientes:
- Ayuda a las partes implicadas a identificar los temas conflictivos sobre los que se basará la mediación y determina las áreas de acuerdo preexistentes.
- Promueve conductas cooperativas y facilita la búsqueda de acuerdos.
- Establece una serie de normas de interacción para que las partes puedan confrontar sus diferencias desde el respeto mutuo y la empatía.
- Contribuye a eliminar los bloqueos en el proceso y los malentendidos para facilitar la comunicación. Así, en caso de que el diálogo se aleje del objetivo, el Mediador se encarga de encauzar el diálogo, animando a las partes a buscar soluciones.
- Se encarga de que cada una de las partes implicadas muestre su punto de vista sin ataques y sin que se generen nuevos problemas, tratando de mantener una actitud positiva.
- Genera un clima de confianza que anima a las partes enfrentadas a sugerir alternativas que lleven hacia la solución del problema.
- Facilita la toma de decisiones, aportando realismo a la situación y ayudando a los implicados a elegir una solución viable a su conflicto.

Atiquifobia o miedo al fracaso
Es algo más común de lo que nos pensamos y la mayoría de las personas lo han sufrido en algún momento de su vida. Hablamos de atiquifobia, que no es más (ni menos) que el miedo a fracasar.
Suele ser habitual querer tener éxito y no fracasar. En este caso, el miedo puede ser positivo ya que nos ayuda a superarnos y a prevenir consecuencias negativas. Sin embargo, cuando este sentimiento se vuelve irracional y extremo, puede impedirnos llevar a cabo nuestros objetivos por el miedo a que no salga como esperamos.
Es entonces cuando se convierte en un problema. Dejamos de hacer cosas que solíamos hacer o evitamos exponernos a situaciones nuevas simplemente por el hecho de fracasar.
Orígenes de esta fobia
El origen de la atiquifobia puede venir a través de diferentes factores.
Hay quienes lo sufren motivado por traumas vividos en el pasado, en el que el fracaso ha estado muy presente.
También lo sufren personas con baja autoestima, que tienen una imagen negativa de sí mismas y que hace que piensen que no pueden o no se ven capaces de hacer determinadas cosas. Esto les lleva a evitar situaciones por miedo a fracasar.
Entre las personas perfeccionistas también suele ser común esta fobia, ya que su autoexigencia les lleva a tener pensamientos catastrofistas.
Del mismo modo, aquellos que tienen o han tenido padres exigentes y autoritarios han aprendido a ganarse su afecto a través de los buenos resultados y no pueden permitirse fallar. La autoexigencia empieza a ser una forma de vida y comienzan a tener miedo de fracasar por no complacer a sus padres. En este caso, los niños se ven obligados a tener éxito y por eso se muestran inseguros.
Quienes prefieren pasar desapercibidos, el éxito se convierte en un miedo horrible. Para estas personas, ser exitosas implica tener que salir de su zona de confort y realizar muchos cambios. Es por eso que evitarán implicarse en cualquier situación que pueda conllevar éxitos y lo acusarán al miedo al fracaso, aunque el miedo real es al propio éxito.
Por último, la sociedad actual tampoco favorece a quienes sufren esta fobia, ya que se fomenta la perfección y la autoexigencia en todo momento, y especialmente a través de las redes sociales. Por eso, hoy en día el miedo al fracaso es más común de lo que nos pensamos y afecta a muchas personas.

Cómo evitar el miedo al fracaso
Aunque pueda parecer complicado, para evitar el miedo al fracaso hemos de interiorizar una serie de aspectos:
- Hay que pensar que el hecho de que las cosas no salgan como esperamos no convierte a nadie en un fracasado y equivocarse una vez no significa que siempre nos vayamos a equivocar.
- Podríamos decir que el fracaso en sí no existe, existen las experiencias que pueden salir bien o de las que puedes extraer una lección. Lo importante es intentarlo y no quedarse con las ganas por miedo.
- El hecho de que haya ido mal en otras ocasiones no significa que vaya a volver a pasar lo mismo.
- No hay que anticiparse a las situaciones, hasta que no hacemos algo no sabremos sus consecuencias.
- Debemos evitar compararnos con los demás, ser conscientes de nuestras capacidades y ponernos metas que podamos cumplir.
Y en caso de que la situación se vaya de las manos, no dudar en pedir ayuda a un psicólogo que nos ayude a superarlo. Durante el proceso psicoterapéutico se puede descubrir el verdadero origen de la fobia para superarla.
¡Y no dejes pasar las oportunidades por miedo a fracasar!
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