
¿Por qué pensamos mejor cuando caminamos?
Llevas horas dándole vueltas a un problema o no encuentras una solución concreta, decides salir a dar un paseo y, sin darte cuenta, vuelves con las ideas mucho más claras.
¿Te ha pasado alguna vez?
No es casualidad. Caminar tiene un efecto muy positivo sobre nuestra mente. De hecho, muchas veces no necesitamos encontrar la respuesta inmediatamente; lo que realmente necesitamos es dejar de buscarla durante un rato.
Vivimos tan acostumbrados a intentar resolverlo todo cuanto antes que olvidamos que nuestro cerebro también necesita espacio para pensar.
Cuando pensamos demasiado… dejamos de pensar bien
Seguro que conoces esa sensación. Le das vueltas a una conversación, repasas una decisión una y otra vez, imaginas todos los escenarios posibles… y, lejos de sentirte tranquilidad, acabas con más confusión.
A esto, en psicología, lo llamamos rumiación: ese hábito de pensar continuamente sobre un problema sin llegar realmente a resolverlo.
Es como si nuestra mente entrara en un bucle sin salida. Y cuanto más intentamos obligarnos a encontrar una solución, más difícil resulta verla.
Caminar cambia el foco
Cuando salimos a caminar, nuestra atención deja de estar atrapada únicamente en aquello que nos preocupa.
Casi sin darnos cuenta, empezamos a fijarnos en el sonido que tenemos alrededor, en las personas con las que nos cruzamos, en el ritmo de nuestros pasos o incluso en nuestra respiración.
Nuestro cerebro sigue pensando, pero ya no lo hace desde la misma tensión.
Las mejores ideas no siempre aparecen cuando las buscamos
¿Has recordado el nombre de alguien justo cuando ya habías dejado de intentarlo?
¿O has encontrado la solución a un problema mientras te duchabas, cocinabas o paseabas?
Nuestro cerebro sigue trabajando, aunque no seamos conscientes de ello.
Por eso, muchas veces, alejarnos un rato de aquello que nos preocupa resulta mucho más útil que permanecer bloqueados frente al ordenador o mirando el móvil esperando que aparezca la inspiración.
No es magia. Es darle a nuestra mente la oportunidad de reorganizar la información.
Caminar también ayuda a poner las emociones en su sitio
Cuando estamos muy nerviosos, enfadados o preocupados, todo parece más grande, más grave.
Las decisiones cuestan más, los pensamientos se aceleran y cualquier problema parece tener una única solución… normalmente la peor.
Mover el cuerpo ayuda a reducir esa intensidad emocional. No porque el problema desaparezca, sino porque nosotros dejamos de enfrentarnos a él desde el mismo nivel de tensión.
Cuando las emociones se calman un poco, también resulta más fácil pensar con claridad.
Tras un paseo volverás sintiéndote un poco mejor que cuando saliste. Y, a veces, eso ya es un gran comienzo.
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¿Cómo influye el tiempo en nuestro estado de ánimo?
Estamos a 11 de febrero y llevamos semanas con lluvia casi constante, —en algunas zonas como la nuestra, Ávila, nieve también—, cielos grises y poca luz. Ante este panorama, muchas personas comentan lo mismo: “estoy más apagada”, “me cuesta más arrancar por las mañanas”, “no tengo ganas de nada”.
Y no es casualidad. El tiempo meteorológico puede influir en cómo nos sentimos.
¿De verdad el tiempo afecta al estado de ánimo?
Sí, puede hacerlo. No a todo el mundo por igual, pero sí a muchas personas. Nuestro cuerpo y nuestro cerebro están conectados con el entorno. La luz, la temperatura y los cambios de estación influyen en nuestros ritmos biológicos, en el sueño y en nuestros niveles de energía.
Cuando hay menos horas de luz natural, como ocurre en periodos prolongados de lluvia y cielos cubiertos, es habitual notar:
- Más cansancio.
- Más dificultad para concentrarse.
- Sensación de apatía o desmotivación.
- Mayor tendencia al aislamiento.
- Más sensibilidad emocional.
No significa que estemos “mal” ni que tengamos necesariamente un problema psicológico. En muchos casos, es una reacción normal a un entorno que también está más apagado.
La importancia de la luz
La luz natural tiene un papel clave en la regulación de nuestros ritmos internos. Nos ayuda a mantener un ciclo sueño-vigilia estable y a sentirnos más activados durante el día.
Cuando pasamos muchos días con poca luz:
- Nuestro cuerpo puede sentirse más lento.
- Nos cuesta más despertarnos.
- Aumenta la sensación de pesadez.
Es como si el exterior nos invitara constantemente a quedarnos en pausa.
El efecto psicológico de los días grises
Más allá de lo biológico, también está el componente simbólico y emocional. El clima influye en nuestros planes y en nuestra vida social. Cuando llueve sin parar:
- Salimos menos.
- Cancelamos actividades.
- Reducimos el contacto social espontáneo.
- Pasamos más tiempo en casa.
Y el aislamiento, aunque sea leve y temporal, puede afectar al ánimo.
Además, los cielos grises y la lluvia constante pueden generar una atmósfera que asociamos con tristeza o melancolía. A veces, el entorno actúa como un amplificador de cómo ya nos sentíamos.
¿Cuándo debemos prestar atención?
Es importante diferenciar entre:
- Un bajón puntual relacionado con el clima.
- Un estado de ánimo bajo que se mantiene en el tiempo y afecta de forma clara al funcionamiento diario.
Si la tristeza es intensa, dura semanas, interfiere con el trabajo o las relaciones, o aparece una sensación persistente de desesperanza, conviene buscar ayuda profesional. El clima puede influir, pero no lo explica todo.
¿Qué podemos hacer en periodos largos de lluvia?
Aunque no podamos cambiar el tiempo, sí podemos cuidar cómo nos afecta.
Algunas recomendaciones sencillas:
- Aprovechar al máximo la luz natural: abrir cortinas, colocarnos cerca de ventanas.
- Mantener rutinas estables de sueño.
- Salir a caminar, aunque esté nublado (si es posible y seguro).
- Mantener el contacto social, aunque sea con planes sencillos.
- Hacer pequeñas actividades agradables en casa que generen sensación de bienestar.
- Ser amables con nosotros mismos si notamos menos energía.
No se trata de obligarnos a estar alegres cuando el cuerpo pide más calma, sino de acompañarnos con conciencia.
Un mensaje importante
Sentirse más apagado en épocas de lluvia constante es humano. No es debilidad. No es falta de voluntad. Nuestro estado emocional no está desconectado del entorno.
Quizá estos días grises también puedan ser una invitación a bajar el ritmo, a escuchar lo que necesitamos y a tratarnos con más cuidado.
Y si notas que el gris se ha instalado por dentro y no se va, pedir ayuda también es una forma de autocuidado.
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La presión por la «Navidad perfecta»
Familia unida, cenas ricas, regalos bonitos, buen humor y todos felices. Esto parece ser sinónimo de Navidad. Sin embargo, para muchas personas no es así. Y a pesar de ello sienten la presión de hacerlo todo bien.
La idea de la “Navidad perfecta» la aprendemos en anuncios, películas, redes sociales… Y todo ello acarrea una de lista de exigencias:
- Estar felices (o parecerlo)
- Disfrutar de la familia sin conflictos
- Preparar comidas especiales
- Elegir regalos
- Llegar a todo
El problema no es querer disfrutar, es sentir que tenemos que hacerlo sí o sí. Y no todo el mundo lo disfruta.
De hecho, la Navidad se convierte en una fuente de estrés bastante común, debido a:
- Autoexigencia a tope: intentamos ser buenos hijos, buenas madres o padres, buenas parejas, buenos anfitriones… todo a la vez y en pocos días. Por eso, no es extraño acabar con la sensación de que nunca es suficiente.
- Comparación constante: las redes sociales nos muestran mesas preciosas, familias sonrientes, regalos perfectos. Y comparar nuestra vida real con esos momentos “editados” suele dejarnos con una sensación incómoda de “yo no estoy viviendo esto como debería”.
- Emociones que no encajan: tristeza, duelo, soledad o simplemente desgana parecen no tener sitio en Navidad. Y cuando aparecen, muchas personas sienten culpa por no estar disfrutando “como toca”.
- Familias que no son de anuncio: las reuniones navideñas no borran los conflictos previos. A veces los amplifican y se generan tensiones y silencios incómodos justo cuando se supone que todo debería ir bien.
No disfrutar la Navidad no te hace raro
Esto es importante decirlo claro: no vivir la Navidad con ilusión no significa que haya algo mal en ti.
Las emociones no entienden de calendario. No se activan porque sea diciembre ni desaparecen porque haya luces en la calle. Sentirse cansado, triste o indiferente también es una experiencia válida.
La presión de la Navidad perfecta no habla de falta de gratitud ni de actitud negativa. Habla de expectativas poco realistas y de la dificultad de ser humanos en fechas donde parece que no se nos permite serlo.
Quizá una Navidad más sana no sea la más bonita para las fotos, sino la que deja un poco más de espacio para respirar.
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¿Por qué el sueño es importante para nuestra salud mental?
El sueño es fundamental para la salud mental porque durante las horas de descanso el cerebro realiza procesos de recuperación, organización y regulación emocional. Dormir no es solo “descansar el cuerpo” sino permitir que la mente se repare y funcione correctamente para el día siguiente. Hay evidencia científica que demuestra la comorbilidad entre la alteración de los ritmos circadianos o el sueño con el riesgo de patologías (síndrome metabólico, alteraciones cardiovasculares, trastornos del estado de ánimo…).
Dormir bien es, en muchos sentidos, el primer paso para cuidar nuestra salud mental. Por ello, prestar atención a cómo duermen nuestros pacientes es básico para casi cualquier intervención psicológica, por no decir todas.
- La restauración del cerebro sería como la limpieza de las neuronas para optimizar sus funciones posteriormente.
- Durante el sueño se consolida la memoria y el aprendizaje, sobre todo en las fases de sueño profundo (NREM) y REM, fijando en la memoria nuestros recuerdos recientes, integrar la nueva información adquirida con conocimientos durante el día o fomentar la creatividad y la resolución de problemas. Por tanto, podemos afirmar que dormir mal afecta directamente a la concentración, la memoria y el rendimiento cognitivo.
- El sueño tiene funciones de regulación emocional ya que, durante el sueño REM, el cerebro procesa las emociones experimentadas durante el día. Es por esto, que cuando no dormimos bien estamos más irritados o ansiosos, o tenemos menos capacidad de manejar el estrés al que debemos afrontar cada día. Además, regulamos las hormonas relacionadas con el estado de ánimo y el apetito durante el sueño, como el cortisol, serotonina o la leptina, lo que implica que cuando dormimos poco, estos sistemas se nos desajustan generándonos más estrés. De hecho, la falta crónica de sueño está relacionada con depresión y ansiedad.
- El cuerpo también sale bastante dañado cuando no descansamos adecuadamente. Lo demuestra con signos de fatiga, agotamiento y falta de motivación, aumenta el riesgo de enfermedades cardíacas y metabólicas y nos reduce la respuesta inmunológica.
Efectos psicológicos de no dormir suficiente
No dormir lo suficiente o dormir mal de manera habitual tiene consecuencias y muchas personas no son conscientes del impacto psicológico que tiene dormir poco y/o mal.
La falta de sueño crónica o un sueño de mala calidad puede afectar a casi todas las funciones psicológicas: nosdesequilibra el sistema emocional, cognitivo y social, afectando la forma en que pensamos, sentimos y nos relacionamos.
- Dormir poco afecta directamente a la parte del cerebro encargada del pensamiento racional y la planificación. Genera dificultad para concentrarse, pérdida de memoria a corto plazo con un pensamiento más lento y menos creativo, o con decisiones impulsivas.
- El cansancio mental también nos reduciría la empatía y la capacidad de comunicación provocándonos problemas en las relaciones con nuestros iguales.
- Dormir mal altera la regulación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, que influyen en el bienestar y la motivación, haciéndonos sentir más irritables, menos tolerantes al estrés, cambios de humor, etc. Esto, mantenido en el tiempo implica un alto riesgo de aparición de trastornos del ánimo. Por ejemplo, trastorno de ansiedad, ya que al dormir poco, la amígdala se sobreactiva, y la corteza prefrontal (encargada de moderar esta respuesta), está debilitada. Ello nos llevará a experimentar más pensamientos catastróficos o rumiación, exageramos los problemas, aumentan los pensamientos autocríticos…
- Dormir poco nos provoca desmotivación, falta de energía o pérdida de interés por lo placentero al reducirse la actividad del sistema dopaminérgico.

¿Cómo tratar los problemas del sueño?
El tratamiento de los problemas del sueño no está limitado a “dar consejos para dormir mejor”, sino que aplicaremos intervenciones estructuradas y basadas en evidencia científica. La terapia psicológica para esta problemática enseña al cerebro a dormir de nuevo. No intentamos que se duerman más horas, sino romper el círculo de ansiedad, malos hábitos y pensamientos negativos que mantienen el problema.
Empezaremos haciendo una serie de preguntas básicas que nos darán una gran fuente de información de dónde ha podido empezar o mantenerse este problema:
- Cuándo (localización del sueño en el periodo de 24 horas),
- Cómo (factores intrínsecos que afecten como la edad, patrones de sueño, estado fisiológico, necesidad de dormir,
- Dónde (factores extrínsecos que afecten como la temperatura, luz o ruido)
- Qué hace para dormir (conductas que pueden facilitar el sueño y las que puedan inhibirlo. Aquí se hace hincapié en la importancia del “insomnio tecnológico”, ya que la luz de los móviles y ordenadores confunde al cerebro y le hace creer que es más temprano. Esa luminiscencia aumenta la vigilia, reduce la melatonina (hormona reguladora de sueño) se prolonga el dormir y retrasa sueño REM).
Como tratamiento de primera elección utilizaríamos la TCC (terapia cognitivo-conductual) buscando el control de estímulos del paciente, reestructuración cognitiva, técnicas de relajación y manejo del estrés. También buscaremos reestablecer buenas rutinas, centradas en cambiar pensamientos, emociones y hábitos que interfieren con el sueño.
Por sí sola, esta terapia es la más efectiva, pero dependiendo del caso añadiríamos otras alternativas como las Terapias de tercera generación (Mindfulness-Based Therapy for Insomnia (MBTI) o la Terapia de aceptación y compromiso (ACT)).
¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional por dificultades para dormir?
Dormir mal de vez en cuando es normal, pero cuando es persistente o afecta la vida diaria es importante buscar ayuda cuanto antes. A tener en cuenta es:
- el tiempo que llevas con el problema, si dura más de 3-4 semanas, ya no es transitorio.
- si te afecta a tu día a día con fatiga o somnolencia, irritabilidad, bajo rendimiento o dificultad de concentración.
- si esa situación nos genera ansiedad al irnos a la cama o sólo el hecho de pensar que haya que dormirse.
- cuando el mal sueño creemos que pueda estar acompañado de otros problemas psicológicos, ya sea como causa o consecuencia de este.
- cuando no puedes conciliar el sueño si no es con ayuda farmacológica.
- cuando puedas llegar a sospechar de un trastorno del sueño fisiológico o médico, como pudiesen ser apneas o narcolepsia.
Si esto persiste en el tiempo, es el momento de buscar ayuda.
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¿Cómo nos afecta el cambio horario de invierno?
Un otoño más, (no sabemos si será el último) nos enfrentamos a un nuevo cambio de hora. En la madrugada de este domingo. 26 de octubre, el reloj se retrasará una hora y a las 3:00 serán las 2:00. Teóricamente “ganamos” 60 minutos, pero en la práctica muchas personas notan que algo se desajusta.
Cuesta levantarse, se percibe más cansancio durante el día e incluso hay a quienes les cambia el estado de ánimo.
A continuación, vamos a explicar la razón por la que ocurre esto y cómo podemos sobrellevarlo mejor.
Nuestro reloj interno se desincroniza
El cuerpo humano funciona según un reloj biológico interno, que se conoce como ritmo circadiano. Éste regula los ciclos de sueño, hambre, temperatura corporal y hasta el estado de ánimo. Se sincroniza principalmente con la luz solar.
Cuando cambiamos la hora, esa sincronización se altera: amanece antes y anochece más temprano. En invierno, los días más cortos y con menos luz afectan directamente la producción de melatonina y serotonina, dos hormonas clave para el sueño y el bienestar emocional.
Consecuencias comunes del cambio horario
Aunque el cambio de una hora pueda parecer insignificante, el cuerpo necesita entre 3 y 7 días para adaptarse completamente. Durante ese tiempo, es normal experimentar:
- Somnolencia diurna o dificultad para concentrarse.
- Desajustes en el sueño: acostarse más tarde o despertarse antes de lo habitual.
- Cambios de humor: irritabilidad, apatía o tristeza.
- Aumento del apetito o antojos de carbohidratos.
En personas con una sensibilidad mayor al cambio de luz —como quienes padecen trastorno afectivo estacional (TAE)— estos efectos pueden ser más intensos.
¿Cómo afecta la luz al estado de ánimo?
Con la llegada del horario de invierno, muchas personas experimentan un descenso anímico. Esto se debe a que la falta de luz natural reduce la serotonina, un neurotransmisor asociado al bienestar y la motivación.
Consejos para adaptarse mejor al horario de invierno
- Aprovecha la luz natural. Sal a caminar por la mañana o durante el mediodía. La exposición al sol ayuda a reajustar el reloj biológico.
- Mantén horarios regulares. Intenta acostarte y levantarte a la misma hora, incluso los fines de semana.
- Reduce la luz artificial por la noche. Especialmente la de pantallas (móvil, ordenador, televisión), que puede retrasar la liberación de melatonina.
- Cuida la alimentación. Evita cenas copiosas y prioriza alimentos ricos en triptófano (como plátano, avena o frutos secos), que favorecen el sueño.
- Haz ejercicio. Mejora la energía y el estado de ánimo, además de regular el descanso nocturno.
- Y escucha a tu cuerpo. Si el cansancio o el malestar persisten más de un par de semanas, puede ser útil consultar con un profesional de la salud mental.

¿Por qué es importante que haya un Día Mundial de la Prevención del Suicidio?
Cada 10 de septiembre se conmemora el día Mundial de la Prevención del Suicidio.
Lejos de ser una fecha aislada en el calendario, este día busca recordarnos que es necesario hablar de salud mental, y que pedir ayuda nunca es un signo de debilidad, sino de valentía.
Cada 10 de septiembre sirve para visibilizar la importancia de que, igual que cuidamos nuestra salud física, debemos cuidar también nuestra salud mental, romper el silencio y acompañar a quienes atraviesan momentos difíciles.
Cada año, miles de personas en el mundo pierden la vida por un suicidio. Y detrás de cada una de ellas hay una historia, una familia, unos amigos y un entorno que queda profundamente afectado y dolido.
Es por eso que este día nos invita a reflexionar sobre la necesidad de romper el silencio de un tema que suele ser tabú, a olvidarnos de los estigmas y a abrir conversaciones sinceras sobre lo que significa atravesar momentos de dolor emocional.
Hablar salva vidas
Cuando alguien se siente escuchado sin juicios, encuentra una mano tendida o un espacio seguro para compartir lo que siente, aumenta la posibilidad de seguir adelante. La prevención comienza en preguntar cómo está de verdad un amigo, acompañar sin presionar y mostrar interés.
Cuidar la salud mental implica reconocer nuestras emociones, normalizar la búsqueda de ayuda profesional y entender que no estamos solos. También significa educar y sensibilizar para que, como sociedad, dejemos de ver el suicidio como un tema tabú y empecemos a abordarlo con empatía.
Si tú, o alguien cercano, atraviesa un momento difícil, piensa que no estás solo/a. Acudir a un profesional de la salud mental, buscar apoyo o hablar con alguien de confianza puede ayudarte.
En Psicología Mavi podemos ayudarte
La prevención del suicidio es un tema que en Psicología Mavi estamos especializados. Concretamente, Ángela Rodríguez, responsable de este proyecto, posee una amplia formación y experiencia.
Según sus propias palabras “es un tema que me apasiona, porque estoy convencida de la importancia que desempeña el papel de la prevención”.
Considera necesario dar a conocer el protocolo de actuación en estos casos, y también hacer entender a las personas que sí deben tomarse en serio los pequeños avisos que les puedan dar sus allegados, porque, de la ideación suicida al suicidio ejecutado, solo pasa un segundo.
Y este convencimiento es tan fuerte por los resultados obtenidos en el estudio que llevó a cabo durante la pandemia, en el año 2020.
Su formación y experiencia adquirida es la que pone en práctica actualmente en consulta para ayudar a todas aquellas personas que lo necesitan.
Así que, si eres una de ellas, no dudes en contactar con nosotros. Sabemos cómo ayudarte.
También te recordamos que El Ministerio de Sanidad promueve la Línea 024 de atención a la conducta suicida.
Se trata de una línea telefónica de ayuda a las personas con pensamientos, ideaciones o riesgo de conducta suicida, y a sus familiares y allegados, básicamente a través de la contención emocional por medio de la escucha activa por los profesionales del 024, la recomendación de que contacten con los servicios sanitarios del SNS o la derivación al 112 en los casos en los que se aprecie una situación de emergencia. En caso de emergencia vital inminente puede llamar directamente al teléfono de emergencias 112.
Talleres de prevención del suicidio
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Nota de Prensa: El fuego se ha apagado… El Confidencial
Este verano en España hemos vivido de nuevo la devastación de los incendios forestales, que han arrasado miles de hectáreas y transformado de manera drástica nuestro entorno natural y nuestra relación con él.
Desde el periódico El Confidencial me invitaron a reflexionar, como psicóloga, sobre lo que significa esta pérdida desde la perspectiva de la solastalgia: el dolor y la añoranza que sentimos cuando nuestro entorno natural, ese que ha sido siempre nuestro hogar, desaparece o se degrada.
Los fuegos no solo arrasan bosques, también borran parte de nuestra memoria emocional y de nuestra identidad vinculada a la tierra. Esa sensación de vacío, tristeza y desarraigo refleja cuánto necesitamos a la naturaleza para sostener nuestro equilibrio interior y sentirnos en casa.
👉 Aquí puedes leer el artículo completo en El Confidencial: Solastalgia, dolor por la perdida del hogar en los incendios.
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Solastalgia: duelo por un paisaje perdido
Solastalgia es algo que, sin saber su significado, estamos sintiendo todos en mi pueblo, Las Navas del Marqués, tras el fuego que ha arrasado parte de nuestro pinar.
Significa angustia o dolor psicológico causado por el deterioro ambiental de un lugar que se considera hogar o familiar.
Parte de ese pinar que tantas veces nos ha dado sombra, aire fresco y olor a resina, ha desaparecido y sentimos que nos han arrancado una parte de nuestra vida, de nuestros recuerdos.
El término lo acuñó a principios de los 2000 el filósofo ambiental australiano Glenn Albrecht. Se refiere a una angustia parecida a la nostalgia, pero sin desplazamiento físico. La nostalgia se siente al estar lejos de casa; la solastalgia, al ver cómo nuestra casa cambia o se degrada sin movernos del sitio. Es la tristeza de presenciar la pérdida de un paisaje que forma parte de nuestra identidad.
En Las Navas, quienes hemos crecido caminando por esos pinares, encontramos ahora un paisaje marcado por el negro, las cenizas y el silencio. No hemos perdido solo árboles, se ha quemado un lugar donde tenemos muchos recuerdos.
Y la solastalgia puede tener efectos reales sobre la salud mental. Estudios recientes muestran que los cambios ambientales abruptos, como incendios, sequías o inundaciones, generan estrés, ansiedad y sensación de impotencia.
Es un duelo peculiar porque no despedimos a un ser querido, sino a una zona que consideramos casa.
Reconocer la solastalgia nos ayuda a ponerle palabras a lo que sentimos, a entender que no es una reacción individual aislada, sino un fenómeno compartido.
Cuando el fuego se apague, y la ceniza se enfríe, quedará el reto de sanar no solo el monte, sino la relación emocional que tenemos con él. Porque si algo nos enseña la solastalgia es que el territorio que habitamos nos habita también a nosotros.
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Síndrome post-examen: qué es y cómo afrontarlo
Hace unos días los estudiantes de Bachillerato se sometieron a la Prueba de Acceso a la Universidad (antigua selectividad). Esto les ha tenido durante todo un curso bajo la presión de alcanzar la nota que marcará el futuro de sus estudios.
Y aunque no ocurre en todos los casos, es posible que tras realizar el examen, tanto ellos, como otros estudiantes sometidos a ese estrés, sientan una sensación de vacío, tristeza y falta de motivación. Es lo que se conoce como el síndrome post-examen.
¿En qué consiste el síndrome post-examen?
Tras estar durante un tiempo sometido a la presión de uno o varios exámenes importantes, el cuerpo responde al estrés de estas pruebas con una liberación de hormonas, como la adrenalina.
Una vez que se elimina esa presión del examen, el cuerpo puede experimentar fatiga y un cambio en la rutina. Esto puede generar sensación de:
- Vacío emocional: es ese sentimiento de falta de propósito o motivación.
- Tristeza o apatía: es cuando uno se siente desanimado o sin ganas de hacer cosas.
- Falta de energía: sentir cansancio y no tener ganas de realizar actividades.
¿Cómo afrontarlo?
1 En primer lugar, es importante aceptar que es normal sentirse así después de un periodo de exámenes.
2 En segundo lugar, los estudiantes deben volver a esas actividades con las que disfrutaban antes de los exámenes.
3 También se debe de dar un descanso al cuerpo y la mente para que se recuperen del estrés al que se han sometido.
4 Por otro lado, igual de importante es buscar nuevas actividades o intereses para reorientar la energía y la motivación.
Y en caso de que los síntomas persistan o empeoren, sería necesario buscar ayuda profesional de un psicólogo.
El síndrome post-examen es una experiencia común que requiere de un manejo adecuado para evitar que se convierta en un problema más grave. Identificar los síntomas, reconocer los sentimientos, buscar apoyo y reincorporarse gradualmente a actividades que brinden placer y motivación son clave para superar esta etapa.
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¿Cómo mantener a raya la ansiedad?
La ansiedad no es en sí misma una enfermedad, podríamos decir que es un estado de agitación, inquietud o zozobra del ánimo. Un sentimiento de miedo, temor o inquietud que puede generar tensión en el cuerpo e incluso palpitaciones.
En otras palabras, es una emoción desagradable que forma parte de la vida, por lo que hay que aprender a vivir con ella. Algunas veces estará más presente y otras será más suave, pero va a estar siempre.
Y por ello debemos saber cómo hacerla frente cada vez que tengamos ese sentimiento.
Para ello, vamos a hablar de una técnica sencilla que te ayudará a “volver a tierra” y que puedes practicar fácilmente en cualquier lugar.
Se trata de la Técnica Mindfulness 5-4-3-2-1. Su objetivo es acabar con pensamientos negativos y catastrofistas ayudando a nuestra mente a volver al tiempo presente y reconectar, poniendo en marcha los cinco sentidos.
Para ello tienes que identificar:
- 5 cosas que veas a tu alrededor: el objetivo es que te concentres en los detalles visuales de cada objeto, su forma, su color y textura. Esta actividad te ayudará a estar presente.
- 4 objetos que puedas tocar: por ejemplo, la ropa que llevas puesta, el lugar donde estás sentado… en este caso, tu mente se enfocará en las sensaciones físicas, notando la suavidad, rugosidad o temperatura de los objetos que tocas.
- 3 elementos que puedas oír a tu alrededor, si tienen un volumen alto, bajo, la dirección de la que proceden. Este paso te ayuda a alejarte de tus pensamientos y centrarte en el mundo a tu alrededor.
- 2 aromas que puedas oler: la capacidad de identificar dos olores puede tranquilizarte y hacerte sentir más conectado con el espacio en el que te encuentras.
- 1 cosa que puedas saborear: te obligará a estar completamente en el momento.
Esta técnica está diseñada para reducir la adrenalina y calmar el sistema nervioso devolviéndote al aquí y ahora. Al desviar la atención de los pensamientos negativos y concentrarse en los sentidos, tu cerebro comienza a calmarse.
Y si la ansiedad te impide dormir, esta técnica también puede ser de gran ayuda. Al practicarla antes de dormir, puedes liberar tu mente de preocupaciones y preparar tu cuerpo para descansar de manera más profunda.
Y no te olvides de que si tu ansiedad va a más, lo fundamental es consultar a un especialista de salud mental.
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