
¿Cómo nos sentimos los psicólogos cuando una persona deja la terapia?
Como psicólogos, somos conscientes de que no todas las personas que acuden a consulta están listas para avanzar en su proceso terapéutico. En ocasiones, por su actitud o comportamiento, intuimos que aún no es su momento. Pero eso no significa que no estemos haciendo bien nuestro trabajo.
Nuestro papel es ofrecer herramientas, acompañamiento y claridad. Sin embargo, hay quienes aún no están preparados para recibir e integrar lo que les brindamos. Esto no siempre se debe a falta de compromiso o voluntad. A veces, existen bloqueos emocionales profundos que impiden avanzar, simplemente porque todavía no es el momento adecuado para ellos.
De hecho, hay personas que logran identificar cuál es su problema durante las primeras sesiones y, poco a poco, dejan de asistir. No porque no les importe, sino porque no están listas para actuar en consecuencia y enfrentar el cambio que ello implica.
Las “dos fases” de la terapia
En todo proceso terapéutico hay “dos fases”.
La primera consiste en descubrir qué motivo ha llevado a la persona a pedir ayuda: identificar el origen de su malestar y darle un nombre.
La segunda implica poner en marcha los cambios necesarios para transformar aquello que les impide estar bien.
Es en esta segunda fase donde muchas veces se produce el abandono de la terapia. Y no porque no haya sido útil, sino porque no todas las personas están preparadas para enfrentarse a ese cambio, al menos en ese momento. Las razones pueden ser muchas y muy personales.
Por eso, cuando alguien decide dejar la terapia, no significa que el psicólogo haya fallado o que no haya sido capaz de ayudar. En muchos casos, sí hemos logrado acompañar al paciente en una parte importante del camino: identificar su problema y empezar a tomar conciencia de él. Pero si esa persona decide no continuar, debemos aceptar que el cambio solo es posible cuando el otro está dispuesto a hacerlo.
Antes de terminar, quiero dedicar este post a todos nosotros, los psicólogos. Es importante resaltar que no somos responsables cuando una persona decide abandonar la terapia. Nuestro rol es acompañar, guiar y brindar herramientas, y lo hacemos con compromiso y vocación. No tenemos control sobre las decisiones de nuestros pacientes, pero sí podemos sentirnos orgullosos de haber dado lo mejor de nosotros. Cada paso que damos en consulta cuenta, y aunque algunos caminos se interrumpan, nuestra labor sigue siendo valiosa.
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