
Ni héroes ni villanos
Cuando alguien acude a terapia tras un intento de suicidio, los psicólogos no podemos considerarnos héroes, si conseguimos evitarlo, ni tampoco villanos, si no lo conseguimos. Trataremos de aplazar, escuchar, permitir que se desahoguen con nosotros y recabaremos toda la información que podamos ante ese hecho.
Pondremos a disposición de nuestros pacientes todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance para evitarlo. Pero no seremos responsables de lo que esa persona, finalmente, decida hacer, ni para bien, ni para mal.
Ya hemos contado en varias ocasiones que tenemos una amplia formación en prevención de suicidio. Y no dejamos de profundizar nuestros conocimientos para ponernos al servicio de nuestros pacientes.
Y una vez lo hacemos, uno de nuestros lemas ante quienes pasan por consulta es “no queremos honores, ni tampoco responsabilidades». La terapia es un acto voluntario, nadie está obligado a venir. Y los psicólogos nunca podemos, ni debemos, insistir a nadie para que alguien venga.
Quien decide venir, por su bien, debería comprometerse a seguir las pautas que le proporcionamos o a usar las herramientas que le facilitamos para mejorar su salud metal. Sin embargo, el hecho de que lo haga, o no lo haga, no es nuestra responsabilidad.
La única persona responsable de que funcione la terapia es la que acude a consulta. Es ella quien tiene en sus manos la capacidad de cambiar su vida en base al conocimiento que ponemos a su servicio.
Para entenderlo mejor me gusta poner un ejemplo sencillo. Cuando una persona acude a un nutricionista para perder peso, el nutricionista da unas pautas para lograrlo. Pero es responsabilidad de la persona seguirlas, y conseguir su objetivo, o hacer todo lo contrario y no conseguirlo. El nutricionista puede ser el mejor, pero si la persona que quiere perder peso no aplica sus consejos, por muy bueno que sea el nutricionista, el paciente no logrará su propósito.
En terapia ocurre lo mismo. Es por eso que nunca aceptamos honores y tampoco responsabilidades ante el resultado final. El responsable de ese resultado siempre será el paciente que, en base a las herramientas que le proporcionamos podrá decidir si ponerlas en práctica, o no hacerlo.
Los psicólogos, de lo único que somos responsables es de poner a su servicio todo nuestro conocimiento.
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